domingo, 14 de abril de 2013

EL CIELO Y LA TIERRA EN EL APOCALIPSIS.



El texto del Apocalipsis en la misa de hoy 3º domingo de Pascua, nos habla de la relación que hay entre el cielo y la tierra. El Señor Jesús, con su resurrección, nos ha abierto las puertas de la vida eterna, y de lo alto desciende la gracia al tiempo que nuestras peticiones y obras suben al cielo. Esto es especialmente perceptible en la liturgia. Leemos que los ángeles alaban al Cordero, a Cristo resucitado, y que en su canto suman todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar. Así la alabanza procede de lo alto, y nosotros nos unimos a ella para que finalmente nuestra oración sea coronada por el AMÉN  del  cielo. En la Misa, hay un momento en que expresamos esa realidad cuando al final del prefacio, nos unimos a los ángeles y a los coros celestiales para cantar el Santo, Santo… La realidad de la Iglesia y la nuestra están por tanto, unidas a la persona de Cristo que ha vencido la muerte y vive por los siglos de los siglos.


David AMADO FERNÁNDEZ

                                                                       Para conocer mejor esa unión del cielo y la tierra, leer en ese mismo blog: http://frasesyotros.blogspot.com.es/2013/02/el-apocalipsis-y-la-misa-queridos.html.  (y un consejo: imprimirlo para saborearlo mejor.) CHANTAL.

miércoles, 10 de abril de 2013

SEÑORA DEL CANTO.


El Magnificat es la oración mariana por excelencia, forma parte de la oración cotidiana de la Iglesia.
En el Evangelio de Lucas todos cantan y hay un crescendo en el resonar de cantos de alabanza. El canto del Magnificat viene a consagrar un encuentro: es un acontecimiento de comunión, un cruce de camino, un enfrentarse de personas finalmente con la posibilidad de saludarse en la paz, una bendición mutua. No hay alabanza sino allí donde se realiza el encuentro. pero el canto del Magnificat es también el que concluye un largo viaje, el de una mujer sola. María es peregrina por antonomasia y su Magnificat es el canto de quien ha realizado el santo viaje, de quien ha llegado a la meta de su peregrinación, a la ciudad santa. La exultación de María es la de quien sabe que ha llegado a la meta, que no es necesario ir más allá.
El Magnificat es la oración escatológica, oración de María, oración de la Iglesia. Quien canta el Magnificat es la Iglesia que siente haber llegado al puerto suspirado, a la Jerusalén santa. El canto supone el sofoco de quien ha tenido que andar mucho. Es el canto de la Iglesia peregrina que llega al puerto, que todavía suspira, pero la alabanza de su suspiro se transfigura en la presencia del Señor que acaba de manifestarse final y definitivamente.
La exultación de María es la exultación de la Iglesia que ora en la tarde de su viaje. A lo largo de este viaje, el Señor ha hecho que nosotros, abandonados medio muertos por el camino, podamos ser rescatados, regenerados, restituidos a la plenitud de la vida. Así aprendemos que respirar de nuevo y descubrimos exultantes que nuestra historia personal es la historia de la humanidad: Israel y los gentiles son ya un solo pueblo de siervos que exultan porque la casa del Padre se abre a todos sus hijos.

Pino STANCARI.
 

sábado, 6 de abril de 2013

LA LEY DE LA GRAVEDAD (MORAL).


 

Puede ser útil recordar que el pecado es como una enfermedad terminal – pero curable – que afecta a todos los órganos del cuerpo. Solo que en este caso afecta a la vida eterna del alma.

¿Es mejor que las personas no sepan que están enfermas? ¿O que es posible (aunque penosa) la curación? ¿Son más felices si no se les comunica la gravedad – pero también el tratamiento – de su situación?

Aunque el pueblo no reconozca todas las leyes de Dios y el modo en que  reflejan Su amorosa preocupación por nuestra salud física y espiritual, eso no cambia el hecho  de que todo siga siendo cierto.

Le que suele olvidar la gente es que las leyes morales de Dios están tan firmemente establecidas como las leyes físicas. Por eso, los resultados del pecado no son tan inmediatamente dolorosos como los huesos rotos si se lanza uno desde un tejado, negando la ley de la gravedad.

Por esa razón, la Iglesia tiene que dar a conocer la mala noticia de los efectos mortales del pecado, así como la Buena Noticia de Cristo como la única curación total. Por eso necesitamos la confesión.

 

Scott HAHN

martes, 2 de abril de 2013

EL CREDO DE FRANCISCO.


Argentina celebra el Dia de Primavera el 21 de septiembre. Jorge Mario Bergoglio tenía 17 años y tras estar de fiesta aquella jornada entró en una iglesia y se confesó. “Cuando me levanté supe que iba a ser sacerdote”. Aquella tarde le marcó de por vida. Como las palabras y el acompañamiento del Padre Duarte, su mentor espiritual. Francisco escribió de su puño y letra poco antes de ordenarse sacerdote, un”Credo” que lleva siempre en su breviario.  LA RAZÓN ofrece esta oración del Santo Padre.
Quiero creer en Dios Padre que me ama como un hijo, y en JESÚS, El Señor, que me infundió su Espíritu en mi vida para hacerme sonreír y llevarme así al Reino eterno de Vida.
Creo en mi historia, que fue traspasada por la mirada de amor de Dios y en el Dia de la Primavera, 21 de septiembre, me salió al encuentro para invitarme a seguirlo.
Creo en mi dolor, infecundo por el egoísmo, en el que me refugio.
Creo en la mezquindad de mi alma, que busca tragar sin dar… sin dar.
Creo que los demás son buenos, y que debo amarlos sin temor y sin traicionarlos nunca buscando una seguridad para mí.
Creo en la vida religiosa.
Creo que quiero amar mucho.
Creo en la muerte cotidiana, quemante, a la que huyo, pero que me sonríe invitándome a aceptarla.
Creo en la paciencia de Dios, acogedora, buena como una noche de verano.
Creo que papa está en el cielo junto al Señor.
Creo que el padre Duarte también está allí intercediendo por mi sacerdocio.
Creo en María, mi Madre, que me ama y nunca me dejará solo.
Y espero en la sorpresa de cada día en que se manifestará el amor, la fuerza, la traición y el pecado que me acompañarán siempre hasta ese encuentro definitivo con ese rostro maravilloso que no sé como es, que le escapo continuamente, pero que quiero conocer y amar.
Amén.
Jorge Mario BERGOGLIO

sábado, 30 de marzo de 2013

DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS.



¡Alégrese el cielo, goce la tierra! Este día ha brillado para nosotros con el resplandor del sepulcro más que si resplandeciera con el sol. Oh luz bella, has revestido de súbita claridad a los que vivían en tinieblas y sombras de muerte. Porque al descender Cristo a los infiernos, su eterna noche ha resplandecido inmediatamente y han cesado los lamentos de los afligidos: las ataduras de los condenados se han roto y caído: los espíritus malignos se han sobrecogidos de estupor, abatidos por un trueno.

Desde que Cristo ha descendido, las sombras, ciegas en su negro silencio y encorvadas por el temor, murmuran entre sí: “¿Quién es este tan temible y resplandeciente de blancura? Jamás nuestro infierno ha recibido a otro semejante, jamás el mundo ha arrojado a otro semejante en nuestro abismo. Si fuera culpable no sería tan audaz. Si algún delito lo ennegreciera, jamás podría disipar nuestras tinieblas con su resplandor. Pero si es Dios ¿qué hace en la tumba? Si es hombre, ¿Cómo se atreve? Si es Dios, ¿por qué viene? Si es hombre, ¿Cómo libera a los cautivos?

¡Oh Cruz, que desbaratas nuestros placeres y provocas nuestra desdicha! El madero nos enriqueció y el madero nos arruina.


EUSEBIO EL GALICANO
Siglo V

viernes, 29 de marzo de 2013

LA HUMILDAD DE CRISTO.



Nosotros, los hombres queremos llegar a este puerto definitivo, a la patria del cielo, allí donde está Él que es, pero el océano de este mundo nos corta el camino. Para volver a esta patria, él que nos llama vino de allí, y escogió un madero para que pudiéramos atravesar el mar: sí, nadie puede atravesar el océano de este mundo si no es llevado por la cruz de Cristo. Incluso un ciego puede aferrarse a esta cruz; si no veis bien adonde vais, no la soltéis: ella misma os conducirá.

Si queréis vivir en espíritu de piedad, en el espíritu cristiano, sujetaos a Cristo. Descendió hasta nosotros haciéndose hombre para llevar a los enfermos, hacerles atravesar el mar y hacerles llegar a la patria donde ya no hay necesidad de barco porque ya no existe ningún océano que atravesar. Mejor sería no ver a través del espíritu al que es y abrazar la cruz de Cristo, que verle a través del espíritu y menospreciar la cruz. ¡Que podamos, para nuestra dicha, ver al mismo tiempo adónde vamos y agarrarnos a la nave que nos lleva! Algunos lo han conseguido, y le han visto. Estos, para llegar a lo que habían avistado de lejos, se sujetaron a la cruz de Cristo.

SAN AGUSTÍN.

jueves, 28 de marzo de 2013

JESÚS LAVA LOS PIES DE PEDRO.



Tenemos la Eucaristía para realizar con Cristo el paso de la vida terrenal, marcada por el peso del pecado, a la eterna. Y ese paso se realiza ya ahora cuando caminamos con Cristo y vivimos la caridad fraterna. Juan narra el lavatorio de los pies. Pedro se resiste porque prefiere anteponer su amor al Señor al que recibe de Él. Cristo lo corrige, solo el amor de Dios nos permite el salto a la vida eterna. No basta nuestra buena voluntad. Si Pedro quiere retener al Señor con una muestra de cariño, Jesús le reprende porque quiere arrastrarle junto a sí para siempre. Para ello es necesario dejarse amar por Dios: Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo. Una vez lavados por el bautismo, y manteniendo la unión con Cristo mediante la Eucaristía, debemos también caminar y ayudar a otros a hacerlo mediante la práctica del amor.


David AMADO FERNÁNDEZ