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viernes, 14 de septiembre de 2018

MARÍA NOS ENSEÑA A AMAR A JESÚS.


Esforcémonos en amar al Señor con el corazón de la Inmaculada, en recibirlo con su corazón, en alabarle con las actitudes de ella. Es a través de su corazón y de sus actitudes que alabamos al Señor Jesús. Si verdade­ramente es ella quien ama y glorifica a Jesús a través de nosotros, es que somos sus instrumentos.

Ella sola nos va a enseñar a amar al Señor Jesús mucho mejor, sin comparación, que todos los libros y todos los maestros. Ella nos enseña a amarle tal como ella le ama. Y todo nuestro esfuerzo debe tender a que sea ella sola, con nuestro corazón, la que ame al

Señor Jesús. Solo el alma poseída por el amor de Dios saca de ella todo lo que le estorba. Todo se concentra en el amor de Dios. Y ahora ¡quién ama más a Jesús pobre y crucificado, en el pesebre, que la Madre santí­sima! Nadie en el mundo, ni entre los ángeles, ama ni ha amado tan ardientemente al Señor Jesús como la Madre de Dios. La Inmaculada es el perfeccionamiento total del amor divino en nuestras almas y el medio para acercarnos al corazón de Jesús.

San Maximiliano M" Kolbe

Franciscano polaco, apóstol del Corazón Inmaculado de María, fundó la Ciudad de la Inmaculada (Niepokalanów). Murió mártir de la caridad en el campo de concentración de Auschwitz (1894-1941).

viernes, 22 de septiembre de 2017

MARIA DIÓ LUZ LA VIDA.


María es bienaventurada entre todas las bienaven­turadas, ella que ha sido escogida antes que todos los demás santos. El Señor la eligió como morada, diciendo: Esta es mi mansión por siempre, aquí viviré, porque la deseo. Durante nueve meses vivió en ella; durante numerosos años vivió con ella y le estuvo sometido. Ahora, viviendo en ella y con ella para siempre de manera que sobrepasa nuestra comprensión, la llena de la gloria que ven los bienaventurados. Le da exterior-mente la gloria en su cuerpo; interiormente, imprime en ella la gloria del Verbo.

Esta Virgen madre única, que se vanagloria de haber dado a luz al Hijo único del Padre, estrecha con amor al mismo Hijo único con todos sus miembros, y no se avergüenza de ser llamada la madre de todos aquellos en los que ve a Cristo ya formado o en formación. La primera Eva fue llamada madre de todos los vivientes,
pero en realidad fue la madre de los que mueren. Y porque esta primera Eva no pudo realizar fielmente lo que significa su nombre, es María quien realizó este misterio. Como la Iglesia, María es la madre de todos los que renacen a la vida. Dando a luz la Vida, hizo nacer en cierta manera a una vida nueva a todos los que debían encontrar su vida en esta Vida. Por eso, la madre bienaventurada de Cristo, sabiéndose madre de los cristianos por este misterio, se muestra también madre de todos por su solicitud y su ternura.
Beato Guerrico de Igny Abad cisterciense (Ca. 1080-11S7).


viernes, 12 de mayo de 2017

MARÍA, SALVACIÓN DE LOS HOMBRES.




Esta mujer será Madre de Dios, puerta de la luz, fuente de vida; destruirá la acusación que pesaba sobre Eva. Los ricos de entre los pueblos buscarán su ros­tro, los reyes de las naciones se prosternarán ante ella ofreciéndole obsequios... pero la gloria de la Madre de Dios es interior: es el fruto de su vientre. Mujer tan digna de ser amada, tres veces bienaventurada, eres bendita entre las mujeres y el fruto de tu vientre es bendito. Hija del rey David y Madre de Dios, Rey del universo, la obra maestra en la que el Creador se rego­cija, serás la cumbre de la naturaleza. Porque tu vida no será para ti, no has nacido para ti misma, sino que tu vida será para Dios.
Viniste al mundo para él, servirás para la salvación de todos los hombres, cumpliendo el designio de Dios fijado desde antiguo: la encarnación del Verbo, su Palabra, y nuestra divinización. Todo tu deseo es ali­mentarte de la palabra de Dios, fortalecerte con su savia, como verde olivo en la casa de Dios, un árbol plantado al borde de la acequia, tú, el árbol de la vida que dio fruto a su tiempo... El que es infinito, ilimitado, vino para quedarse en tu seno; Dios, el niño Jesús, se alimentó de tu leche. Eres la puerta siempre virginal de Dios; tus manos sostienen a tu Dios; tus rodillas son un trono más elevado que los querubines... Eres la cámara nupcial del Espíritu, la ciudad del Dios vivo, en la que se regocijan las aguas del río, es decir, el efluvio de los dones del Espíritu. Eres toda hermosa, la amada de Dios.
San Juan DAMASCENO
Monje, teólogo y doctor de la Iglesia (Ca. 675-749).
 


viernes, 20 de enero de 2017

MARÍA, MADRE Y MODELO.

A través de María, podemos comprender mejor en qué consiste la santidad. En su concepción inmaculada hay un privilegio singularísimo. Dios la preservó de todo pecado en orden a su maternidad divina. Pero la dotó de una ver­dadera santidad. No se trataba, como cuando se dispone un quirófano para una operación, de garantizar su absoluta asepsia para evitar cualquier posible infección. Dios elige y prepara a la santísima Virgen para acercarse. Y la misma santidad de que participa María la aproxima más a todos los hombres. De ahí que sea natural que nosotros la sintamos cercana. La Inmaculada es obra maestra del amor de Dios, que va a colaborar con todo su ser, a la mayor manifestación de ese amor: Dios nos va a dar a su propio Hijo. Durante el pasado Año santo pudimos meditar en profundidad cómo la santidad que Dios nos ofrece por su misericordia tiene
un efecto inmediato: nos mueve a querer estar cerca de los demás, especialmente de los que sufren, de los abandona­dos, de los pobres.
En tercer lugar, en María encontramos un ideal. En el evangelio leemos la primera aparición de María. El aire de la escena, tan bien reflejado por algunos pintores como Fray Angélico, nos describe con toda sencillez la gran libertad de la Virgen. Sorprende la serenidad y, al mismo tiempo, el carác­ter total de su entrega. No es la espontaneidad de un movi­miento reflejo, sino la decisión de un alma que quiere con todas sus fuerzas, pero con total naturalidad. No hay división en ella entre lo que es y la misión que se le encomienda. Lo que el ángel le propone corresponde totalmente a lo que ella es. Por ello, en la vida de María encontramos sufrimiento, pero nunca frustración. Ella va a pasar por la oscuridad de la fe, pero nunca se va a sentir descolocada. Es así porque ella quiere lo que Dios quiere y por eso se mueve siempre en esa armonía profunda


David AMADO FERNÁNDEZ 

viernes, 16 de diciembre de 2016

LA VIRGEN.


¡Cuánto me habría gustado ser sacerdote para pre­dicar sobre la Santísima Virgen! Para que un sermón sobre la Virgen me guste y me aproveche, tiene que hacerme ver su vida real, no su vida supuesta; y estoy segura de que su vida real fue extremadamente senci­lla. Nos la presentan inaccesible, habría que presentarla imitable, hacer resaltar sus virtudes, decir que ella vivía de fe igual que nosotros, probarlo por el evangelio, donde leemos: No comprendieron lo que quería decir.

La Santísima Virgen es la Reina del cielo y de la tie­rra, pero es más madre que reina; y no se debe decir que a causa de sus prerrogativas eclipse la gloria de todos los santos como el sol al amanecer hace que desaparezcan las estrellas. ¡Dios mío, qué cosa más extraña! ¡Una madre que hace desaparecer la gloria de sus hijos...! Yo pienso todo lo contrario, yo creo que ella aumentará con mucho el esplendor de los elegidos. Está bien hablar de sus privilegios, pero no hay que quedarse ahí. Quién sabe si en ese caso algún alma no llegará incluso a sentir cierto distanciamiento de una criatura tan superior y a decir: «Si eso es así, mejor irse a brillar como se pueda en un rincón». Lo que la Santísima Virgen tiene sobre nosotros es que ella no podía pecar y que estaba exenta del pecado original. Pero, por otra parte, tuvo menos suerte que nosotros, porque no tuvo una Santísima Virgen a quien amar, y eso es una dulzura más para nosotros y una dulzura menos para ella.

Santa Teresa del Niño Jesús
Carmelita descalza; es doctora de la Iglesia (1873-1897).

viernes, 8 de julio de 2016

LA OBEDIENCÍA EN MARÍA.


No sabes lo que la obediencia es capaz de realizar por un sí, por un simple sí... Que se haga en mí según tu palabra, y María se convierte en madre de Dios. Diciendo su sí se declara esclava del Señor y conserva intacta su virginidad, tan estimada por ella misma y por Dios. Por este sí de María, el mundo obtiene la salva­ción, la humanidad es rescatada. Entonces, procuremos nosotros también cumplir la voluntad de Dios y diga­mos sí todos los días al Señor.

Que María haga florecer en tu alma nuevas virtudes y que te guarde. Ella es el mar que hay que atravesar para llegar a las costas esplendorosas de la eternidad. Permanece, pues, siempre con ella. Apóyate en la cruz de Cristo, a ejemplo de María. Encontrarás un gran ali­vio y fortaleza. María permanecía de pie bajo la cruz, junto a su Hijo crucificado. En ningún momento Jesús la amó tanto como en aquel trance de sufrimientos intolerables.

San Pío de Pietrelcina

martes, 10 de noviembre de 2015

MARÍA DE LA ESCUCHA.




 

María es la mujer de la escucha. Lo vemos en el encuentro con el ángel y lo volvemos a ver en todas las escenas de su vida, desde las bodas de Caná hasta la Cruz. Y hasta el día de Pentecostés. En el momento del anuncio del ángel podemos ver ya la actitud de escucha, una escucha verdadera, una escucha dispuesta a interiorizar: no dice simplemente "Si", sino que asimila la Palabra, acoge en sí la Palabra. Y después sigue la verdadera obediencia, como una Palabra interiorizada, es decir, transformada en Palabra en ella y para ella. Así la Palabra se convierta en Encarnación.

Lo mismo vemos en el Magníficat. Sabemos que es un texto entretejido con palabras del Antiguo Testamento. Vemos que María es realmente una mujer de escucha que en el corazón conocía la Escritura.  No solamente conocía algunos textos, sino que está identificada con la Palabra, que en su corazón y en sus labios se transforma, sintetizada en un canto. Vemos que su vida estaba realmente penetrada por la Palabra; había entrado en ella, la había asimilada. Así en ella se había convertido en vida, transformándose luego de nuevo en palabra de alabanza y de anuncio de la grandeza de Dios.

 

BENEDICTO XVI

 

jueves, 17 de septiembre de 2015

EL NOMBRE DE LA VIRGEN ERA MARÍA.


 
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Ese nombre significa "Estrella del mar"  le encaja admirablemente a la Virgen Madre. Nada es más justo que compararla con una estrella que da sus rayos sin alterarse, como ella da a luz a su hijo sin detrimento de su cuerpo virgen. Es ciertamente esta noble estrella nacida de Jacob, cuyo esplendor ilumina el mundo entero, quien brilla en los cielos y penetra en los infiernos. Verdaderamente esta bella y admirable estrella se levanta por encima del mar inmenso, resplendiendo de méritos, alumbrando por su ejemplo. Todos vosotros, cuando estéis en alta mar, sacudidos por la tormenta y la tempestad, lejos de la tierra firme, poned los ojos en la luz de esta estrella para evitar el naufragio. Si los vientos de la tentación se levantan, si ves acercarse el escollo de la prueba, mira a la estrella, invoca a María.

Si eres sacudido por los vacíos del orgullo, de la ambición, de la maledicencia o de los celos, levanta la mirada hacia la estrella, invoca a María. Si te abruma la grandeza de tus pecados, si te la avergüenza tu conciencia, te espanta el temor del juicio, si estás a punto de zozobrar  en el precipicio de la tristeza y la desesperación, piensa en María. ¡en el peligro, la angustia, la duda, piensa en María! Que su nombre jamás abandone tus labios, ni tu corazón. Siguiéndola, no te extraviarás; rogándola¸ no desesperarás. Y comprenderás por tu propia experiencia cuan justas son estas palabras: EL NOMBRE DE LA VIRGEN ERA MARÍA.

 

San BERNARDO.

(1090  -  1153)

 

domingo, 30 de agosto de 2015

MARÍA VENCEDORA.


 

Dios vence en María porque ella se fía totalmente de Él. Con esas palabras la bendice Isabel :”Dichosa tú que has creído, porque lo te lo ha dicho el Señor se cumplirá”. Cuando hoy resuenan esas palabras en nosotros, comprendemos que también el designio de Dios sobre cada uno de nosotros se realizará si, como María, emprendemos el camino de la humildad y dejamos que Dios actúe en nosotros.

 En el Magníficat,  la Virgen insiste en hacer memoria de la misericordia de Dios. Gran parte del poder del mal sobre nosotros consiste en hacernos creer que ya ha vencido y que no tenemos escapatoria; que no hay más remedio que someternos  o pactar con él. Pero en la Apocalipsis se muestra que no hay lugar para ningún trato: el Hijo que nace es llevado junto al trono  de Dios y la mujer escapa al desierto. Nosotros también tenemos que apartarnos totalmente del mal.

Experimentamos la debilidad, pero contemplamos la victoria de Cristo en su Madre, y ello nos conforta. El Señor nos llama a acercarnos con devoción filial y a pedirle a María que nos enseñe a acoger la misericordia de Dios con un corazón plenamente dispuesto como el suyo.

 

David AMADO FERNÁNDEZ  

 

sábado, 15 de agosto de 2015

MARÍA VENCEDORA EN SU HUMILDAD.



 

Dios vence en María porque ella se fía totalmente de Él. Con esas palabras la bendice Isabel :”Dichosa tú que has creído, porque lo te lo ha dicho el Señor se cumplirá”. Cuando hoy resuenan esas palabras en nosotros, comprendemos que también el designio de Dios sobre cada uno de nosotros se realizará si, como María, emprendemos el camino de la humildad y dejamos que Dios actúe en nosotros.

 En el Magníficat,  la Virgen insiste en hacer memoria de la misericordia de Dios. Gran parte del poder del mal sobre nosotros consiste en hacernos creer que ya ha vencido y que no tenemos escapatoria; que no hay más remedio que someternos  o pactar con él. Pero en la Apocalipsis se muestra que no hay lugar para ningún trato: el Hijo que nace es llevado junto al trono  de Dios y la mujer escapa al desierto. Nosotros también tenemos que apartarnos totalmente del mal.

Experimentamos la debilidad, pero contemplamos la victoria de Cristo en su Madre, y ello nos conforta. El Señor nos llama a acercarnos con devoción filial y a pedirle a María que nos enseñe a acoger la misericordia de Dios con un corazón plenamente dispuesto como el suyo.

 

David AMADO FERNÁNDEZ  

 

 

 

jueves, 2 de julio de 2015

EL CORAZÓN DE UNA MADRE.


 

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Entre las fiestas de la Virgen María, la de su Corazón es como el corazón y la reina de las demás, porque el corazón es la sede del amor y de la caridad. ¿Cuál es el sujeto de esta solemnidad? Es el corazón de la Hija única  y bien amada del Padre eterno; es el corazón de la Madre de Dios; es el corazón de la Esposa del Santo Espíritu; es el corazón de la buena Madre de todos los fieles. Es un corazón totalmente abrasado por el amor hacia Dios, totalmente inflamado de caridad hacia nosotros.

Es todo amor a Dios, porque jamás amó nada más que a Dios y lo que Dios quiso que amara en él y por él. Es todo amor, porque la bienaventurada Virgen siempre amó a Dios con todo su corazón, con toda  el alma y con todas sus fuerzas. Es todo amor porque no solo quiso siempre todo lo que Dios quería y jamás quiso nada de lo que no quería, sino que puso siempre toda su alegría en la voluntad de Dios. Es todo amor con el que ama al Hombre Dios, que es su hijo Jesús. Porque sabe que es nuestro maestro, nuestra cabeza, y que nosotros somos sus miembros y, por consiguiente, que somos sólo uno con Él.

San JUAN EUDES

(1601-1680)

sábado, 20 de diciembre de 2014

NO TEMAS, MARÍA.


 
Oíste, Virgen, que concebirás y darás a luz a un hijo; oíste que no era por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el ángel aguarda tu respuesta, porque ya es tiempo que se vuelva al Señor que lo envió. También nosotros los condenados infelizmente a la muerte por la divina sentencia, esperamos, Señora, esa palabra de misericordia. Se pone entre tus manos el precio de nuestra salvación; enseguida seremos librados si consientes. Por la Palabra eterna de Dios, todos fuimos creados, y a pesar de eso morimos; mas por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para ser llamados de nuevo a la vida.
No tardes, Virgen María, da tu respuesta. Señora nuestra, pronuncia esta palabra que la tierra, los abismos y los cielos esperan. Mira: el Rey y Señor del universo desea tu belleza, y desea no con menos ardor tu respuesta. Ha querido supeditar a tu respuesta la salvación del mundo. Has encontrado gracia ante él con tu silencio, ahora él prefiere tu palabra. Él mismo, desde las alturas te llama: levántate, amada mía, preciosa mía, déjame  oír tu voz. Responde presto al ángel, o, por mejor decir, al Señor por medio del ángel; responde una palabra y recibe al que es la Palabra; pronuncia tu palabra y concibe la divina; emite una palabra fugaz y acoge en tu seno a la Palabra eterna.
 
San BERNARDO
(1090 - 1153)

domingo, 5 de octubre de 2014

ETERNO CAMINAR.


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Creer es entregarse. Entregarse es caminar incesantemente tras el Rostro del Señor. Abrahán es un eterno caminante en dirección de una Patria soberana y tal Patria no es sino el mismo Dios. Creer es partir siempre.

No hay en ese mundo cosa más difícil que llegar al encuentro del mismísimo Dios, que siempre está más allá de las palabras y de los conceptos. Para ello, es preciso atravesar el bosque de la confusión, el mar de la dispersión y la oscuridad inquebrantable de la noche.

Y. de esta manera, llegar a la claridad del Misterio.

Dios es impalpable como una sombra y, al mismo tiempo sólido como una roca. El Padre es eminentemente Misterio, y el misterio no se deja atrapar ni analizar. El misterio, simplemente, se acepta en silencio.

Dios no está al alcance de nuestra mano, como la mano de un amigo que podemos apretar con emoción. No podemos manejar a Dios como quien manipula un libro, una pluma, un reloj. No podemos decir: Señor mío, ven esta noche conmigo, mañana puedes irte. No lo podemos manipular.

Dios es esencialmente desconcertante porque es esencialmente gratuidad. Y  el primer acto de la fe consiste en aceptar esa gratuidad. Por eso la fe es levantarse siempre y partir siempre para buscar un Alguien cuya mano nunca estrecharemos. Y el segundo acto de fe consiste en aceptar con paz esa viva frustración.

Esto quiere decir que a Dios no se le entiende, se le acoge. Y si se le acoge de rodillas, se le entiende mejor.

 

Ignacio .LARRAÑAGA

El silencio de María.

 

 

 

 

 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

LA GRANDEZA DE MARÍA.


La visita de María a Isabel trae el cielo a aquella casa. Lleva en su seno el Rey del cielo y su presencia comunica una alegría que es de Dios y llega hasta lo más profundo de quienes la rodean. Por eso Juan salta dentro de su madre.

La suya es una vida impulsada por Dios que enciende en su amor a cuantos la rodean. Sabe que cuanto le sucede viene de la misericordia de Dios y proclama la grandeza de Dios y su propia pequeñez. Lo que nos aparta de Dios es no querer morir a nuestro propio yo. Entonces aparece el pecado, que es una manera de querer realizar nuestra voluntad en lugar de la suya. Pero, en la medida en que queremos engrandecernos, empequeñecemos a Dios y, al final, nos encontramos con que nos hemos reducido a nosotros mismos. María, en cambio se alegra porque Dios ha  mirado la humillación de su esclava. Su grandeza viene de que ha dejado que Dios sea grande en ella. ¡Cuánto tenemos que aprender!
 
 
David AMADO FERNÁNDEZ  

miércoles, 10 de abril de 2013

SEÑORA DEL CANTO.


El Magnificat es la oración mariana por excelencia, forma parte de la oración cotidiana de la Iglesia.
En el Evangelio de Lucas todos cantan y hay un crescendo en el resonar de cantos de alabanza. El canto del Magnificat viene a consagrar un encuentro: es un acontecimiento de comunión, un cruce de camino, un enfrentarse de personas finalmente con la posibilidad de saludarse en la paz, una bendición mutua. No hay alabanza sino allí donde se realiza el encuentro. pero el canto del Magnificat es también el que concluye un largo viaje, el de una mujer sola. María es peregrina por antonomasia y su Magnificat es el canto de quien ha realizado el santo viaje, de quien ha llegado a la meta de su peregrinación, a la ciudad santa. La exultación de María es la de quien sabe que ha llegado a la meta, que no es necesario ir más allá.
El Magnificat es la oración escatológica, oración de María, oración de la Iglesia. Quien canta el Magnificat es la Iglesia que siente haber llegado al puerto suspirado, a la Jerusalén santa. El canto supone el sofoco de quien ha tenido que andar mucho. Es el canto de la Iglesia peregrina que llega al puerto, que todavía suspira, pero la alabanza de su suspiro se transfigura en la presencia del Señor que acaba de manifestarse final y definitivamente.
La exultación de María es la exultación de la Iglesia que ora en la tarde de su viaje. A lo largo de este viaje, el Señor ha hecho que nosotros, abandonados medio muertos por el camino, podamos ser rescatados, regenerados, restituidos a la plenitud de la vida. Así aprendemos que respirar de nuevo y descubrimos exultantes que nuestra historia personal es la historia de la humanidad: Israel y los gentiles son ya un solo pueblo de siervos que exultan porque la casa del Padre se abre a todos sus hijos.

Pino STANCARI.
 

sábado, 6 de octubre de 2012

TODA GRACIA

El ángel, al saludarla, no llama a María por su nombre, la llama simplemente "llena de gracia". María es, así, la proclamación viviente, concreta, de que en el inicio de todo, en las relaciones entre Dios y las criaturas, está la gracia.
 ¿Qué es la gracia? Para nosotros el significado más común es el de belleza, fascinación, amabilidad. Si hablamos de un condenado a muerte que ha obtenido la gracia, entendemos expresar que ha recibido el favor, la condonación de la pena. En el saludo del ángel a María se reflejan ambos significados. María ha hallado gracia, es decir favor, ante Dios. Por consiguiente María es bella, de esa belleza que llamamos santidad. Puesto que es agraciada, María es tambien llena de gracia. María es bella porque es amada. La suya es una gracia incontaminada , y la Iglesia lo expresa con el título "Inmaculada".
Tambien la Iglesia está llamada a volverse "toda gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada (Ef 5, 27). la Iglesia es liberada de toda mancha. la una tiene arrugas que un día serán allanadas; la otra no tiene nada que allanar, por gracia de Dios. Tambien para la Iglesia, para nosotros, en el principio de todo está la gracia, la libre y gratuita elección de Dios, su inexplicable favor, su venir a nuestro encuentro y darse a nosotros por puro amor.Esto nos ayuda a encontrar la actitud adecuada hacia la Iglesia. Por tanto, María recuerda y proclama a la Iglesia, sobre todo, esto: TODO ES GRACIA. por tanto a toda alma creyente va dirigida la invitación: "Alégrate, llena de gracia" y "¡No temas, porque has hallado gracia!". La gracia es la razón principal de nuestra alegría y de nuestro coraje. Es preciso hacer todo lo posible por renovar cada día el contacto con la gracia de Dios que está en nosotros. y la primera cosa que la criatura debe hacer en repuesta a la gracia de Dios es darle gracias. Esto es lo que María hizo con el "Magnificat".
En muchos lugares se venera a María con el título de "Santa María de las gracias".Tendríamos que dar un paso adelante y descubrir un título todavía más hermoso: "Santa María de la gracia", así, en singular.

Raniero CANTALAMESSA