viernes, 20 de julio de 2018

LA ORACIÓN DE PETICIÓN.


¿Cómo es que rara vez nos parece experimentar el fruto de la oración? Tenemos la impresión de que sali­mos de la oración igual que hemos entrado, nadie nos responde una palabra, ni nos da lo que hemos pedido, tenemos la sensación de haber trabajado en vano. Pero ¿qué es lo que dice el Señor en el evangelio? No juz­guéis por las apariencias, sino tened un juicio justo; y ¿qué es un juicio justo sino un juicio de fe? Porque el justo vive de la fe. Sigue, pues, el juicio de la fe, que es más seguro que el de tu experiencia, porque la fe no engaña, mientras que la experiencia puede indu­cirnos al error.

Y ¿cuál es la verdad de la fe sino la que el mismo Hijo de Dios nos promete?: Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido y la obtendréis. Así pues, hermanos, ¡que ninguno de vosotros tenga en poco su oración! Porque, os lo aseguro, aquel a quien ella se dirige no la tiene en poca cosa; incluso antes de que ella haya salido de vuestra boca, él la ha escrito en su libro. Sin la menor duda podemos estar seguros de que Dios nos concede lo que pedimos, aunque sea dándonos algo que él sabe que es mucho más venta­joso para nosotros. Porque nosotros no sabemos pedir como es debido.

San Bernardo
 Nace en Dijon, Francia; fue monje cisterciense y gran autor espiritual. Es doctor de la Iglesia (1090-1153).

martes, 17 de julio de 2018

LA REVELACIÓN DEL ESPIRITU SANTO.


El Paráclito, el Consolador que es una sola cosa con el Hijo, siendo el Espíritu que procede del Hijo... revela que aquel que se tenía por hijo del hombre es el Hijo único de Dios. Nuestro Señor había declarado todo lo que nos hacía falta, pero sus apóstoles no lo compren­dieron. Incluso confesando su fe con convicción bajo la acción secreta de la gracia, no comprendieron todo lo que ellos afirmaban.

¿No tuvo a bien el Salvador ocultar su secreto? ¿No es cierto que parece que quiso que conociéramos su secreto no desde el principio sino después, como si sus palabras tuvieran que esperar todavía mucho tiempo fe para adquirir su interpretación divina? Esto es lo que el Señor reservó para el momento de la venida de aquel que él enviaría. El Espíritu revelará a plena luz sus palabras. Solo después de la resurrección de Cristo, e incluso después de la ascensión, el Espíritu desciende sobre ellos. Entonces los apóstoles comprenden, por fin, quién había estado con ellos.

Beato John Henry Newman
 Nace en Londres; convertido del anglicanismo, fue presbítero, cardenal y fundador de una comunidad religiosa (1801-1890).

viernes, 13 de julio de 2018

EL SUFRIMIENTO.


La grandeza de la humanidad viene determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y el que sufre... La palabra latina «con-solatío», consolación, lo expresa de manera muy bella, sugiriendo un «ser-con» en la soledad, que entonces ya no es soledad. La capacidad de aceptar el sufrimiento por amor al bien, a la verdad y a la justicia es constitutiva de la grandeza de la humanidad porque, en definitiva, si mi bienestar personal y mi integridad son más importantes que la verdad y la justicia, entonces prevalece el dominio del más fuerte; entonces reina la violencia y la mentira...



Sufrir con el otro, por los otros; sufrir por amor a la verdad y a la justicia; sufrir a causa del amor para lle­gar a ser una persona que ama de veras son elementos fundamentales de humanidad; su abandono destrui­ría al mismo hombre. Pero una vez más surge la pre­gunta: ¿somos capaces de ello?... En la historia de la humanidad, la fe cristiana tiene, precisamente, el mérito de haber suscitado en el hombre, de manera nueva y mas profunda, la capacidad de sufrir de esta forma que es decisiva para su humanidad. La fe cristiana nos ha enseñado que la verdad, la justicia y el amor no son simplemente ideales, sino realidades de una enorme densidad. En efecto, nos ha enseñado que Dios -la Verdad y el Amor en persona- ha querido sufrir por nosotros y con nosotros.
Benedicto XVI
Papa emérito de la Iglesia católica tras casi 8 años de pontificado (1927-).


martes, 10 de julio de 2018

EL GOZO.

El gozo es la oración, el gozo es la fuerza, el gozo es el amor. Es como una red de amor que atrapa a las almas. Dios ama a los que dan con gozo. Aquellos que dan con gozo dan más. No hay mejor manera de demostrar nuestra gratitud a Dios y a los hombres que aceptarlo todo con gozo. Un corazón ardiendo de amor es, necesariamente, un corazón lleno de gozo. No permitáis jamás que la tristeza os invada hasta el punto de haceros olvidar el gozo de Cristo resucitado.
Todos experimentamos el ardiente deseo del cielo, allí donde se encuentra Dios. Pues bien, desde ahora está en poder de todos nosotros estar en el cielo con él, ser felices con él desde este mismo instante. Esta felicidad inmediata con él quiere decir: amar como él ama, ayudar como él ayuda, dar como él da, servir como él sirve, socorrer como él socorre, permanecer con él todas las horas del día, y tocar su mismo ser presente detrás del rostro de la aflicción humana.

Santa Teresa de Calcuta

Fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad (1910-1997).

jueves, 5 de julio de 2018

NO HAY PAZ SIN JUSTICIA.


La oración no es un elemento que «sigue» al com­promiso a favor de la paz. Al contrario, la oración está en el centro del esfuerzo por la edificación de una paz en el orden, en la justicia y en la libertad. Orar por la paz quiere decir abrir el corazón humano a la irrup­ción del poder renovador de Dios. Por la fuerza vivifi­cadora de su gracia, Dios puede crear salidas hacia la paz donde parece que no hay más que obstáculos y repliegue sobre uno mismo... Orar por la paz significa orar por la justicia...

No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón: he aquí lo que quiero anunciar a los creyentes y a los no creyentes, a los hombres y mujeres de buena voluntad que estiman el bien de la familia humana y su futuro. No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón: he aquí lo que quiero recordar a aquellos que tienen en sus manos el destino de las comunidades humanas, para que se dejen guiar siempre, en las decisiones graves y difíciles que tienen que tomar, por la luz del auténtico bien del hombre, en la perspectiva del bien común. No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón. No me cansaré de repetir esta verdad a los que, por el motivo que sea, alimentan en su corazón el odio, el deseo de venganza, los instintos destructores.


San Juan Pablo II Primer papa polaco de la historia. Su pontificado ha sido el tercero más largo de la historia (1920-2005).

lunes, 2 de julio de 2018

El sacerdote es un hombre despojado:


El sacerdote es un hombre despojado:
a más pobreza hay siempre más gloria de Dios
y más utilidad del prójimo. El sacerdote es un hombre crucificado:
a más muerte hay más vida para sí y para los demás. El sacerdote debe ser un hombre devorado:
por la caridad hay que llegar a hacerse pan.

 
Autor desconocido

 

viernes, 29 de junio de 2018

RECONOCEMOS A DIOS POR LA FE.


Cristo no da testimonio de sí mismo, ni dice quién es ni de dónde viene. Él está entre sus contemporáneos como el que sirve. Solo después de la resurrección, y sobre todo después de su ascensión, cuando el Espíritu ya había venido, los apóstoles comprendieron quién era aquel que había estado con ellos. Aquí vemos la mani­festación de un principio general que se presenta ante nosotros a menudo, tanto en la Escritura como en la vida del mundo: no reconocemos la presencia de Dios mientras está con nosotros, sino después, cuando vol­vemos la mirada sobre los acontecimientos pasados.

Acontecimientos agradables o dolorosos: no sabe­mos en el momento su significado. No vemos en ellos la mano de Dios. Si tenemos fe, confesamos lo que no vemos y acogemos todo lo que nos acontece como venido de su mano. Con todo, tanto si lo aceptamos con espíritu de fe como si no, no hay otro medio de aceptarlo que la fe. No vemos nada. No comprende­mos cómo puede suceder tal cosa o a qué sirve tal otra. Mirad a José, vendido por sus hermanos: una vez pasada la calamidad, comprendió lo que en su momento resultaba incomprensible y dijo a sus her­manos: Dios me envió delante de vosotros para sal­var vuestras vidas. No fuisteis vosotros quienes me enviasteis a este lugar, sino Dios.

Beato John Henry NEWMAN
Nace en Londres; convertido del anglicanismo, fue presbítero, cardenal y fundador de una comunidad religiosa (1801-1890).