El discípulo que Jesús amaba le dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Aquel que es amado es el primero en ver;
el amor da una visión más aguda de todas las cosas; aquel que ama siempre
siente de modo más vivaz... ¿Qué convierte en la pasión al espíritu de Pedro en
un espíritu tardo,
y le impide ser el primero en reconocer a Jesús, como antes lo había hecho?
¿Dónde está ese singular testimonio que le hacía gritar: Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo? Pedro estaba en casa de Caifas, el sumo
sacerdote, donde había escuchado el cuchicheo de una sirvienta, y tardó en
reconocer a su Señor.
Cuando él escuchó que era el Señor, se puso su túnica, porque no
llevaba nada puesto. ¡Esto
es muy extraño, hermanos! Pedro entra sin vestimenta a la barca, iy se lanza
completamente vestido al mar! El culpable siempre mira hacia otro lado para
ocultarse. De ese modo, como Adán, hoy Pedro desea cubrir su desnudez por su
pecado; ambos, antes de pecar, no estaban vestidos más que con una santa
desnudez. Él
se pone su túnica y se lanza al mar. Esperaba que el mar lavara esa sórdida vestimenta que era la traición.
Él se lanzó al mar porque quería ser el primero en regresar. Se ciñó su túnica
porque debía ceñirse al combate del martirio, según las palabras del Señor: Otro te ceñirá y te llevará adonde tú no
quieras.
San Pedro Crisólogo
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