jueves, 20 de julio de 2017

¿DONDE ENCONTRAR LA ALEGRÍA DE AMAR?.


¿Dónde encontráis la alegría de amar? En la Eucaristía, la santa Comunión. Jesús mismo se hizo pan de vida para darnos vida. Noche y día está allí. Si vosotros real­mente queréis crecer en el amor, volved a la Eucaristía, a su adoración. En nuestra congregación, teníamos la costumbre de tener la adoración una vez a la semana durante una hora; después, en 1973, decidimos tener la adoración cada día durante una hora. Tenemos mucho trabajo; por todas partes nuestras casas para enfermos y moribundos indigentes están llenas. Pero desde el momento en que comenzamos la adoración cada día, nuestro amor por Jesús se volvió más íntimo, nuestro amor por cada hermano más benévolo, nuestro amor por los pobres más compasivo.

Mirad el tabernáculo y ved lo que significa ahora este amor. ¿Soy consciente de esto? ¿Mi corazón es lo bastante puro para ver allí a Jesús? Con el fin de que para vosotros y para mí sea más fácil ver a Jesús, él mismo se hizo pan de vida; con el fin de que pudiéra­mos recibir la vida, una vida de paz, una vida de ale­gría. Encontrad a Jesús y encontraréis la paz.


Santa Teresa de Calcuta Fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad (1910-1997).

 

lunes, 17 de julio de 2017

EL FINAL DE LOS TIEMPOS.


El Señor dijo: Dentro de poco ya no me veréis; den­tro de otro poco, me veréis. Eso que él llama un poco es todo el espacio de nuestro tiempo actual, lo que el evangelista Juan dice en su carta: Es la última hora. Esta promesa va dirigida a toda la Iglesia, como también esta otra: Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. El Señor no podía retra­sar su promesa: dentro de poco tiempo le veremos y ya no tendremos que pedirle nada, ni hacerle ninguna pregunta, porque ya todos nuestros deseos se verán satisfechos, y ya no buscaremos más.



Este poco tiempo nos parece largo porque todavía está discurriendo; cuando haya terminado, entonces nos daremos cuenta de lo corto que ha sido. Que nuestro gozo sea diferente del que tiene el mundo de quien se dice: El mundo se alegrará. En este tiempo en que crece nuestro deseo, no estemos sin gozo, sino, tal como dice el apóstol Pablo: Con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación. Porque la mujer, cuando va a dar a luz, con la cual el Señor nos compara, siente tanto gozo por el hijo que va a parir que no se entris­tece por su sufrimiento.
San Agustín
Oriundo de Tagaste (en la actual Argelia), fue obispo de Hipona. Es uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia latina.
Es doctor de la Iglesia (354-430).


viernes, 14 de julio de 2017

EL ESPIRITU SANTO.


Cristo está verdaderamente con nosotros ahora: Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Podéis dar esta explicación: «Cristo volvió, pero en espíritu; es su Espíritu quien vino en su lugar, y cuando Cristo dijo que está con nosotros, significa que su Espíritu está con nosotros». Nadie, por cierto, puede negar que el Espíritu Santo vino, ¿pero por qué vino? ¿Para suplir la ausencia de Cristo o para cumplir su presencia? Ciertamente, para hacerlo presente. No imaginemos ni un momento que Dios Espíritu Santo pueda venir de tal modo que Dios Hijo se quede lejos. Por el Santo Espíritu entramos en comunión con el Padre y el Hijo...

El Espíritu Santo suscita la presencia de Cristo en el corazón y la fe la acoge. Así pues, el Espíritu no ocupa el lugar de Cristo en el corazón, sino que le asegura este sitio a Cristo... El Espíritu Santo, pues, se digna a venir a nosotros con el fin de que, por su venida, Cristo pueda venir a nosotros, material o visiblemente, pero entrando en nosotros. Y así es como está a la vez pre­sente y ausente: ausente en cuanto que dejó la tierra, presente en cuanto a que no abandonó al alma fiel. Como él mismo dice: El mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis.

Beato John Henry Newman

Nace en Londres; convertido del anglicanismo, fue presbítero, cardenal y fundador de una comunidad religiosa (1801-1890).

martes, 11 de julio de 2017

EL SILENCIO INTERIOR.


Para los que quieren captar las ondas sobrenatu­rales del Espíritu Santo, hay una regla, una exigen­cia que se impone de modo ordinario: la vida interior. Dentro del alma es donde uno se encuentra con este huésped indecible: «dulce huésped del alma», dice el maravilloso himno litúrgico de Pentecostés. El hom­bre se hace templo del Espíritu Santo, nos repite san Pablo. El hombre de hoy, y también el cristiano muy a menudo, incluso los que están consagrados a Dios, tienden a secularizarse. Pero no podrá, jamás deberá olvidar esta exigencia fundamental de la vida interior si quiere que su vida sea cristiana y esté animada por el Espíritu Santo. El silencio interior es necesario para oír la palabra de Dios, para sentir su presencia, para oír la llamada de Dios.

Hoy nuestro espíritu está demasiado volcado hacia el exterior; no sabemos meditar, no sabemos orar; no sabemos acallar todo el ruido que hacen en nosotros los intereses exteriores, las imágenes, los humores. No hay en el corazón un espacio tranquilo y consagrado para recibir el fuego de Pentecostés... La conclusión es clara: hay que darle a la vida interior un sitio en el pro­grama de nuestra ajetreada vida; un sitio privilegiado, silencioso y puro; debemos encontrarnos a nosotros mismos para que pueda vivir en nosotros el Espíritu vivificante y santificante.

Beato Pablo VI

Papa desde 1963 a 1978, llevó a término el Concilio Vaticano II.

viernes, 7 de julio de 2017

EL AMOR GANA LA TIERRA Y EL CIELO.


El amor nos eleva hasta una altura inefable. El amor nos une a Dios, el amor cubre la multitud de los peca­dos, el amor lo aguanta todo, lo soporta todo con paciencia; nada sórdido ni altanero hay en él; el amor no admite divisiones, no promueve discordias, sino que lo hace todo en la concordia; en el amor hallan su per­fección todos los elegidos de Dios, y sin él nada es grato a Dios. En el amor nos acogió el Señor: por su amor hacia nosotros, nuestro Señor Jesucristo, cumpliendo la voluntad del Padre, dio su sangre por nosotros, su carne por nuestra carne, su vida por nuestra vida.

Ya veis, amados hermanos, cuan grande y admira­ble es el amor y cómo su perfección es inenarrable. Nadie es capaz de practicarlo adecuadamente si Dios no le otorga este don. Oremos, por tanto, e implore­mos la misericordia divina, para que sepamos practicar sin tacha el amor, libres de toda parcialidad humana. Todas las generaciones anteriores, desde Adán hasta nuestros días, han pasado; pero los que por gracia de Dios han sido perfectos en el amor obtienen el lugar destinado a los justos y se manifestarán el día de la lle­gada del reino de Cristo.

San Clemente de Roma

Posiblemente fue colaborador de san Pablo; fue el tercer sucesor de san Pedro y autor de la carta a los Corintios (96?). Murió mártir.

martes, 4 de julio de 2017

EL PADRE Y EL HIJO SON IGUALES, PERO PERSONAS DISTINTAS.


Dice el Señor Jesús a sus discípulos: Yo soy el camino, la verdad y la vida; ninguno viene al Padre sino por mí. Sime conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; y desde ahora lo conocéis y lo habéis visto. Le dice Felipe: Señor, muéstranos al Padre y nos basta. Le dice Jesús: Tanto tiempo con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? El que me ve a mí ve también a mi Padre.
Por eso, hijos de los hombres, ¿por qué no recono­céis la verdad y creéis en el Hijo de Dios? Mirad que diariamente se humilla, como cuando vino desde el trono real al seno de la Virgen. Él mismo viene diaria­mente a nosotros en humilde apariencia. Cada día baja del seno del Padre al altar en manos del sacerdote. Y como se mostró a los santos apóstoles en carne verda­dera, así también ahora se muestra a nosotros en el Pan sagrado. Y lo mismo que ellos con los ojos del cuerpo veían solamente su carne, mas con los ojos espiritua­les creían que él era Dios, así también nosotros, al ver el pan y el vino con los ojos del cuerpo, hemos de ver y creer firmemente que es su santísimo cuerpo vivo y verdadero. Y de ese modo está siempre el Señor con sus fieles, como él mismo dijo: "Mirad que yo estoy con vosotros hasta la consumación de los siglos".


San Francisco DE ASIS.