viernes, 22 de septiembre de 2017

MARIA DIÓ LUZ LA VIDA.


María es bienaventurada entre todas las bienaven­turadas, ella que ha sido escogida antes que todos los demás santos. El Señor la eligió como morada, diciendo: Esta es mi mansión por siempre, aquí viviré, porque la deseo. Durante nueve meses vivió en ella; durante numerosos años vivió con ella y le estuvo sometido. Ahora, viviendo en ella y con ella para siempre de manera que sobrepasa nuestra comprensión, la llena de la gloria que ven los bienaventurados. Le da exterior-mente la gloria en su cuerpo; interiormente, imprime en ella la gloria del Verbo.

Esta Virgen madre única, que se vanagloria de haber dado a luz al Hijo único del Padre, estrecha con amor al mismo Hijo único con todos sus miembros, y no se avergüenza de ser llamada la madre de todos aquellos en los que ve a Cristo ya formado o en formación. La primera Eva fue llamada madre de todos los vivientes,
pero en realidad fue la madre de los que mueren. Y porque esta primera Eva no pudo realizar fielmente lo que significa su nombre, es María quien realizó este misterio. Como la Iglesia, María es la madre de todos los que renacen a la vida. Dando a luz la Vida, hizo nacer en cierta manera a una vida nueva a todos los que debían encontrar su vida en esta Vida. Por eso, la madre bienaventurada de Cristo, sabiéndose madre de los cristianos por este misterio, se muestra también madre de todos por su solicitud y su ternura.
Beato Guerrico de Igny Abad cisterciense (Ca. 1080-11S7).


martes, 19 de septiembre de 2017

LA TRANSFIGURACIÓN.



Hoy, en efecto, el Señor se ha manifestado verda­deramente en la montaña. Hoy la naturaleza humana, creada al principio a imagen de Dios, pero oscurecida por las figuras deformantes de los ídolos, ha sido tras-figurada en la antigua belleza del hombre creado a imagen y semejanza de Dios.
Moisés contempla de nuevo el fuego que no con­sumía el matorral, pero que da la vida a toda carne, y dice: «Ahora te veo, a ti que existes verdaderamente y por siempre, que estás con el Padre y que me dijiste: Yo soy el que soy. Ahora te veo a ti, al que deseaba ver en otro tiempo diciendo: Déjame contemplar tu gloria. Ya no te veo de espaldas, sino que te veo, Dios lleno de amor por los hombres, escondido en una forma humana. No me proteges con tu derecha, pero eres la Derecha del Altísimo revelada en el mundo. A la vez eres el mediador de la Antigua y de la Nueva Alianza, el Dios antiguo y el hombre nuevo. que me dijiste sobre el Sinaí: Un ser humano no puede verme y que­dar con vida, ¿cómo podemos contemplarte ahora cara a cara sobre la tierra, en la carne? Quieres manifestarte también entre los que se durmieron hace siglos, visitar a los patriarcas en la estancia de los muertos, bajar a librar a Adán de sus dolores. Porque así es como res­plandecerán los justos en el momento de la resurrec­ción; así es como serán glorificados; así, como serán transfigurados.
San Anastasio de Sinaí
Fue uno de los últimos padres de lo Iglesia y gran asceta del siglo VII.
Su obra floreció en el Monte Sinaí y tuvo una gran repercusión en el ámbito de Bizancio (t Ca. 690).
Entre los ortodoxos es conocido como el Nuevo Moisés.

viernes, 15 de septiembre de 2017

SI TU HERMANO TE OFENDE.


El Señor nos presenta un exigente itinerario para la corrección fraterna: ir creando instancias de encuentro, partiendo siempre desde lo más personalizado. ¡Cuántas veces, ante la ofensa, descargamos nuestra frustración con comentarios a terceros, sin llegar jamás a dialogar con la persona afectada!
Debemos aprender a encontrarnos con quienes nos ofenden "con la actitud adecuada", es decir, valorándolos y aceptándolos como compañeros de camino, sin resistencias internas, sin condenas previas. (Papa Francisco en EG, 91)
Nuestros padres y abuelos solían repetirnos: "Si no tienes nada bueno que decir de la otra persona, calla". Vivimos en un contexto cultural opuesto, donde la intimidad y la dignidad de las personas son pisoteadas sin escrúpulo alguno. Se ha roto la barrera del respeto, de la protección del "buen nombre". La agresividad, en todas sus formas, campea como tendencia cultural que todo lo avasalla, llegando a deformar la propia conciencia.
La "corrección fraterna", expresión prácticamente olvidada, no es sino una de las formas más respetuosas y constructivas del amor. Es una manera exigente y maravillosa de cuidar al otro, de cuidarnos unos a los otros, porque todos necesitamos aliento y acompañamiento, optando cuantas veces sea necesario por ser constructores de relaciones auténticamente fraternas y reconciliadas.

Danilo FARNEDA

martes, 12 de septiembre de 2017

LA LUZ SERÁ DISTINTA PARA CADA UNO.

Todos los que ven a Cristo no son iluminados del mismo modo, sino según la medida de su capacidad de recibir la luz. Nuestros ojos corporales no siempre están iluminados del mismo modo por el sol. Cuanto más alto sube uno, más puede contemplar su salida y mejor percibe su resplandor y su calor. Del mismo modo, cuanto más alto se eleva nuestro espíritu y sube hasta Cristo, más descubrirá el esplendor de su claridad, más intensamente será iluminado por su luz. El Señor mismo lo declara por boca del profeta: Acercaos a mí y yo me acercaré a vosotros.
Así pues, no todos llegamos a Cristo de la misma manera, sino que cada uno lo hace según sus capacidades. O bien, vamos con las multitudes hacia él para que nos sacie con el pan de sus parábolas para no desfallecer por el camino, o bien, nos quedamos a sus pies, sin preocupamos de nada más que de escuchar su palabra, sin dejarnos distraer por las múltiples necesidades del servicio. .. Los que se acercan así al Señor recibirán mucha más luz. Pero si, igual que los apóstoles, no alejándonos nunca de él, permanecemos constantemente con él en las tribulaciones, Cristo nos explicará en secreto lo que había dicho a las multitudes y con más claridad todavía nos iluminará. En fin, si él encuentra a alguien capaz de subir a la montaña con él, como Pedro, Santiago y Juan, este no solo será iluminado por la luz de Cristo, sino también por la voz del Padre.

ORIGENES
Asceta y gran teólogo, lleva a su apogeo la escuela de Alejandría y sufre diversos tormentos en la persecución de Decio (I85?-2S3).

viernes, 8 de septiembre de 2017

EL MAL NOS DESANIMA.

Escribió san Pedro Crisólogo: «Cristo es el grano de mostaza, el instrumento en el que Dios se inserta para hacer descender toda su grandeza en la pequeñez del hombre... Siendo hombre, recibió el grano de mostaza que es el reino de Dios... La semilla creció y llegó a ser el árbol de la cruz que cubre la tierra entera». Entendida así, esta parábola ilumina la de la cizaña. En Los hermanos Karamazov, Dostoievski pone en boca de uno de sus personajes un argumento en contra de la existencia de Dios o, mejor, de la redención obrada por Cristo. Según él, después de la muerte de Cristo, el mal no ha desaparecido del mundo. Ni siquiera ha disminuido, sino que se ha incrementado. Y lo ilustra con ejemplos terribles.
La parábola responde a esa objeción. Dios acepta que el mal continúe en el mundo, pero lo hace insertándose él mismo en la historia de la humanidad. Él he entrado en el corazón de la muerte y del sufrimiento humano. La obra de la redención continúa. En ella, Cristo sigue enfrentándose al mal, pero no lo hace solo. La multitud de espigas de trigo que germinan en el campo, al igual que las ramas que brotan del arbusto de mostaza, nos recuerdan la realidad de la Iglesia. Así el cristiano está llamado a responder al mal del mundo manifestando el poder del reino, desde la fidelidad a Cristo.
En ocasiones el mal nos desanima. Como muestra la parábola, siempre es parasitario del bien. Está por todas partes y se introduce también en las junturas de la Iglesia. Uno puede dejarse llevar por la impaciencia. Pero Jesús nos llama a vivir ese misterio desde el corazón de Dios. Lo explica la primera lectura: Juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia... pues concedes el arrepentimiento a los pecadores. Y en el mismo texto se explica que, de esa manera, nos enseña que el justo debe ser humano,

David AMADO FERNÁNDEZ

martes, 5 de septiembre de 2017

LA PAZ.


Quizás como nunca en la historia se hace evidente, para todos, el vínculo intrínseco que une una actitud religiosa auténtica y el gran bien de la paz. Si bien es cierto que la oración es en sí misma una acción, eso de ninguna manera nos dispensa de trabajar por la paz. No hay paz sin un amor apasionado por la paz. No hay paz sin una feroz voluntad de realizar la paz. La paz necesita sus profetas. Juntos hemos llenado nuestros ojos de visiones de paz: engendran nuevas energías para un nuevo lenguaje de paz, para nuevos gestos de paz, gestos que rompan el encadenamiento fatal de las divisiones heredadas de la historia o bien engendradas por las modernas ideologías. La paz espera sus constructores. Tendamos la mano a nuestros hermanos y hermanas para animarlos a construir la paz sobre cuatro pilares que son: la verdad, la justicia, el amor y la libertad.
La paz es una obra en construcción abierta a todos y no solamente a los especialistas, a los sabios, a los estrategas. La paz es una responsabilidad universal: pasa a través de mil pequeños actos de la vida cotidiana. A través de su propia manera diaria de vivir con los demás, los hombres hacen su elección a favor o en contra de la paz.
San Juan Pablo II

martes, 29 de agosto de 2017

LA FE DA LA VIDA.

El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que esté vivo y crea en mí jamás morirá. ¿Qué quiere decir? Él vive porque Cristo no es Dios de muertos, sino Dios de vivos.
¡Cree, pues, y cuando mueras vivirás! Pero si no crees, aunque estés vivo, ¡en realidad estás muerto! ¿De dónde viene la muerte del alma? De que la fe ya no está en ella. ¿De dónde viene la muerte del cuerpo? De que en él ya no está el alma. Por tanto, el alma de tu alma es la fe. Aquel que tiene fe, dice el Señor, cuando muera en su cuerpo, tendrá vida en su alma hasta que el cuerpo mismo resucite para no morir ya más. Y quien vive en su cuerpo, y cree en mí, debe morir por un tiempo en su cuerpo, pero no morirá para la eternidad, por la vida del Espíritu y por la inmortalidad que le traerá la resurrección.

San Agustín
Oriundo de Tagaste (en la actual Argelia), fue obispo de Hipona. Es uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia latina.
Es doctor de la Iglesia (354-430).

viernes, 25 de agosto de 2017

Te seguiré adondequiera que vayas



«En el atardecer, danos tu luz, Señor». Estamos en el atardecer. Me quiero preparar a poder responder: «Aquí estoy», a la llamada, tal vez inesperada. La vejez -que es otro gran don del Señor- tiene que ser para mí motivo de callada alegría interior y de abandono diario al Señor mismo, al que me dispongo como un niño que se lanza hacia los brazos abiertos de su padre. Mi ya larga y humilde vida se ha ido devanando como una madeja bajo el signo de la simplicidad y de la pureza. Es verdad que la voluntad de Dios es mi paz. Y mi esperanza está puesta totalmente en la misericordia de Jesús.
Pienso que el Señor me tiene reservado, para mi completa mortificación y purificación, para admitirme en su gozo eterno, alguna gran aflicción o pena del cuerpo y del espíritu antes de que me muera. Bien, pues lo acepto de todo corazón, que sirva todo para su mayor gloria y el bien de mi alma y de mis queridos hijos espirituales. Temo la debilidad de mi resistencia y le pido que me ayude, ya que no tengo casi ninguna confianza en mí mismo, pero una total confianza en el Señor Jesús. Hay dos puertas que dan al paraíso: la inocencia y la penitencia. ¿Quién puede pretender, oh hombre frágil, encontrar la primera abierta de par en par? Pero la segunda es acceso seguro. Jesús pasó por ella cargado con su cruz, expiando nuestros pecados. Él nos invita a seguirlo.

San Juan XXIII

martes, 22 de agosto de 2017

¿ARENA O ROCA?.

Una tarde, paseaba por la orilla del mar como dice la Escritura: Soplaba un viento fuerte y el mar se iba encrespando. Las olas se levantaban a lo lejos y se apoderaban de la orilla, chocando contra las rocas, se rom­pían y transformaban en espuma y gotitas. Pequeños guijarros, algas y conchas muy ligeras eran arrastrados




por las aguas hacia la orilla; pero las rocas permanecían firmes e inquebrantables, como si todo estuviera en calma, incluso en medio de las olas que venían a dar contra ellas.

Saqué una lección de este espectáculo. Este mar ¿no es acaso nuestra vida y la condición humana? En ella hay mucha amargura e inestabilidad. Y los vientos ¿acaso no son las tentaciones que nos asaltan y los imprevistos gol­pes de la vida? Creo que es eso lo que meditaba David cuando exclamó: Dios mío, sálvame, que me llega el agua al cuello: he entrado en la hondura del agua y me arrastra la corriente. Entre las personas que pasan pruebas, unas me parecen ser como objetos ligeros y sin vida que se dejan arrastrar sin oponer la mínima resistencia; no hay en ellas ningún rastro de firmeza; no tienen el contrapeso de una razón sana que lucha contra los asaltos que le llegan. Las otras las asemejo a rocas, dignas de esa Roca sobre la cual nos mantene­mos firmes y a la que adoramos; estas, formadas con razonamientos de verdadera sabiduría, se levantan por encima de la debilidad ordinaria y lo soportan todo con una constancia inquebrantable.

San Gregorio Nacianceno

Amigo de san Basilio y monje con él, fue obispo de Constantinopla; se le conoce como el Teólogo (330-390).



jueves, 17 de agosto de 2017

CRISTO, RIQUEZA DE LA IGLESIA.


Por lo que a mí respecta, me atrevo a decir que si la Iglesia no fuera lo que pretende ser, si no viviera esencialmente de su fe en Jesucristo, de aquella fe que el apóstol Pedro proclamó en el camino de Cesarea, no esperaría a que me decepcionara en sus logros humanos para separarme de ella...

Si Jesucristo no constituye su riqueza, la Iglesia es miserable. Si el Espíritu de Jesucristo no florece en ella, la Iglesia es estéril. Su edificio amenaza ruina si no es Jesucristo su arquitecto y si el Espíritu Santo no es el cimiento de las piedras vivas con que está construida Toda su doctrina es mentira si no anuncia la Verdad que es Jesucristo. Toda su gloria es vana si no la funda en la humanidad de Jesucristo. Su mismo nombre nos resulta extraño si no evoca inmediatamente en nosotros el único Nombre que les ha sido dado a los hombres para que alcancen su salud. La Iglesia no significa nada para nosotros si no es el sacramento, el signo eficaz de Jesucristo.

Henrid Lubac

Cardenal jesuíta francés, fue uno de los teólogo-, más Influyentes del siglo XX. Influyó hondamente en la teología del Concilio Vaticano II (1896 1991)

viernes, 11 de agosto de 2017

AMAD A VUESTROS ENEMIGOS.


Queridos hermanos, nadie puede dispensarse de amar a los enemigos. Alguien me puede decir: "Yo no puedo ayunar, no puedo orar durante la noche". ¿Se puede decir: no puedo amar? Uno puede dech «No puedo dar todos mis bienes a los pobres y servil a Dios en un monasterio», pero no se puede decir: «Yo no puedo amar"

Tú me dirás: «No me puedo privar de los bienes y de los alimentos». Te creo, pero si dices que no puedes perdonar a los que te han hecho daño, no lo creo en absoluto. No tenemos ninguna excusa de no hacerlo porque debemos cumplir esta limosna sacándola no del tesoro de nuestros bienes, sino de nuestro corazón. Amemos, pues, no solamente a los amigos, sino tam­bién a los enemigos. Pero me dirás: «Mi enemigo me ha hecho tanto mal que de ninguna manera le puedo amar». Tú miras lo que te ha hecho este hombre y no miras lo que le has hecho a Dios. ¡Examina atenta­mente tu conciencia!: tú has cometido sin darte cuenta muchas más faltas contra Dios que las que un hombre haya podido cometer contra ti. ¿Con qué osadía espe­ras, pues, que Dios te perdone lo mucho cuando tú no perdonas lo poco?
San Cesáreo de Arles
Presidió varios com llioí y lundó monasterios masculinos
y femeninos (470-543).



martes, 8 de agosto de 2017

PERMANENCIA DE CRISTO EN EL ALMA.


clavas tu mirada llena de amor en la mía,

e inclinas tu oído a mis suaves palabras

y llenas mi corazón con profunda paz.

Pero tu amor no encuentra satisfacción

en este intercambio que todavía permite separación:

tu corazón exige más y más.

vienes a mí cada mañana como alimento,

tu carne y sangre son para mí bebida y comida

y se obra algo maravilloso.

Tu cuerpo cala misteriosamente en el mío,

y tu alma se une a la mía:

ya no soy la que era antes.

vienes y vas, pero permanece la semilla
que has sembrado para la gloria futura,
escondida en un cuerpo de polvo.
Permanece un resplandor del cielo en el alma,
permanece una profunda luz en los ojos,
una pausa en el tono de voz.


Permanece el vínculo, que une corazón con corazón,

la corriente de vida que brota del tuyo

y da vida a cada miembro.

Qué admirables son las maravillas de tu amor,

solo nos asombramos, balbuceamos

y enmudecemos,

porque el espíritu y la palabra no pueden expresarlo.

Santa Teresa Benedicta de la Cruz [Edith Stein] Carmelita descalza y mártir; es copatrona de Europa (1891 1942).

jueves, 3 de agosto de 2017

EL QUE SEA PEQUEÑITO, QUE VENGA A MI.


Jesús se complace en mostrarme el único camino que conduce a esa hoguera divina; ese camino es el aban­dono del niñito que se duerme sin miedo en brazos de su padre. El que sea pequeñito, que venga a mí, dijo el Espíritu Santo por boca de Salomón, y ese mismo Espíritu de amor dijo también que a los pequeños se les compadece y perdona.

Si todas las almas débiles e imperfectas sintieran lo que siente la más pequeña de todas las almas, el alma de tu Teresita, ni una sola perdería la esperanza de lle­gar a la cima de la montaña del amor, pues Jesús no pide grandes hazañas, sino únicamente abandono y gratitud, como dijo en el salmo 49: No aceptaré un becerro de tu casa ni un cabrito de tus rebaños, pues las fieras de la selva son mías y hay miles de bestias en mis montes... Ofrece a Dios sacrificios de alabanza y de acción de gracias. He aquí, pues, todo lo que Jesús exige de nosotros. No tiene necesidad de nuestras obras, sino solo de nuestro amor. Porque ese mismo Dios que declara que no tiene necesidad de decirnos si tiene hambre, no vacila en mendigar un poco de agua a la samaritana. Tenía sed... Tenía sed de amor. Sí, me doy cuenta, más que nunca, de que Jesús está sediento; entre los discípulos del mundo solo encuentra ingratos e indiferentes, y entre sus propios discípulos ¡qué pocos corazones encuentra que se entreguen a él sin reservas, que comprendan toda la ternura de su amor infinito!


Santa Teresa del Niño Jesús Carmelita descalza; es doctora de la Iglesia (1873-1897).

viernes, 28 de julio de 2017

BUSQUEMOS LA PAZ DE DIOS, NO LA DEL MUNDO.


Qué equivocados andamos a veces los que buscamos la verdadera paz de Dios. Pero es que la que busca­mos muchas veces no es la de Dios, sino la del mundo. Cuando el mundo habla de paz, así se la figura. Cuando el mundo busca la paz, así la concibe: silencio, quietud, amor sin lágrimas... mucho egoísmo oculto. El hombre busca esa paz para descansar, para no sufrir. Busca la paz humana, la paz sensible. Esa paz que el mundo pinta en un claustro con sol, con cipreses y con pája­ros. Esa paz sin tentaciones y sin cruz.

Hoy bendigo desde el fondo de mi alma a ese Dios

que tanto me quiere con mis miserias, mis pecados, mis lágrimas y mis alegrías. ¡Qué grande es Dios! La paz de mi alma es la paz del que nada de nadie espera... Solamente Dios, solamente la cruz de Cristo, solamente el deseo de vivir unido a su voluntad es lo que el alma en el mundo espera, y la espera es tranquila; es con paz, a pesar de que el no ver aún a Dios es un triste penar; acompañarle en la cruz cuesta a veces copiosas lágrimas, y el verse que aún tenemos voluntad propia y, por tanto, miserias, defectos y pecados no deja de causar pesar. Todo es combate, dolor, pero Jesús está en el centro, clavado sobre una cruz, y anima al alma a perseverar. En medio de la batalla que libramos en este mundo, Jesús está allí, con el rostro sereno, que nos dice que el que le sigue no camina en tinieblas.

San Rafael Arnaiz Barón

Joven monje tropense, uno de los grandes místicos del siglo XX. Sus numerosos escritos se han difundido ampliamente.

Fue canonizado en el año 2009 (1911-1938).

martes, 25 de julio de 2017

YAHVÉ, "YO SOY EL QUE SOY"




En el libro del Apocalipsis, el adversario de Dios, la Bestia, no lleva un nombre sino cantidad: 666. La Bestia es número y transforma en números. Nosotros, los que hemos tenido la experiencia de los campos de concen­tración, sabemos lo que esto significa; su horror viene precisamente por eso, porque borran sus rostros... Dios, él mismo, tiene nombres y llama por un nombre. Es persona y busca a las personas. Tiene un rostro y busca nuestro rostro. Tiene un corazón y busca nuestro cora­zón. Para él, no somos los que ejercemos una función en la gran máquina del mundo. El nombre es la posi­bilidad de ser llamado, es la comunión.

Por eso, Cristo, el verdadero Moisés, es en quien fina­liza la revelación del nombre. Él no viene a traernos, como nombre, una palabra nueva; hace mucho más: él mismo es el rostro de Dios. Él mismo es el nombre de Dios; es la posibilidad misma que tiene Dios de ser llamado «tú», de ser llamado como persona, como corazón. Su nombre propio, «Jesús», es el que lleva a término el nombre misterioso de la zarza ardiente; así ahora aparece claramente que Dios no había dicho la última palabra. El nombre de Jesús contiene la pala­bra «Yahvé» en su forma hebraica y le añade otra: «Dios salva». Yahvé, «Yo soy el que soy», a partir de Jesús, quiere decir: «Yo soy el que os salva». Su ser es salvación.

JOSEPH RATZINCER
Teólogo alemán del siglo XX, perito en el Concilio vaticano II.
Papa emérito Benedicto XVI.

jueves, 20 de julio de 2017

¿DONDE ENCONTRAR LA ALEGRÍA DE AMAR?.


¿Dónde encontráis la alegría de amar? En la Eucaristía, la santa Comunión. Jesús mismo se hizo pan de vida para darnos vida. Noche y día está allí. Si vosotros real­mente queréis crecer en el amor, volved a la Eucaristía, a su adoración. En nuestra congregación, teníamos la costumbre de tener la adoración una vez a la semana durante una hora; después, en 1973, decidimos tener la adoración cada día durante una hora. Tenemos mucho trabajo; por todas partes nuestras casas para enfermos y moribundos indigentes están llenas. Pero desde el momento en que comenzamos la adoración cada día, nuestro amor por Jesús se volvió más íntimo, nuestro amor por cada hermano más benévolo, nuestro amor por los pobres más compasivo.

Mirad el tabernáculo y ved lo que significa ahora este amor. ¿Soy consciente de esto? ¿Mi corazón es lo bastante puro para ver allí a Jesús? Con el fin de que para vosotros y para mí sea más fácil ver a Jesús, él mismo se hizo pan de vida; con el fin de que pudiéra­mos recibir la vida, una vida de paz, una vida de ale­gría. Encontrad a Jesús y encontraréis la paz.


Santa Teresa de Calcuta Fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad (1910-1997).

 

lunes, 17 de julio de 2017

EL FINAL DE LOS TIEMPOS.


El Señor dijo: Dentro de poco ya no me veréis; den­tro de otro poco, me veréis. Eso que él llama un poco es todo el espacio de nuestro tiempo actual, lo que el evangelista Juan dice en su carta: Es la última hora. Esta promesa va dirigida a toda la Iglesia, como también esta otra: Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. El Señor no podía retra­sar su promesa: dentro de poco tiempo le veremos y ya no tendremos que pedirle nada, ni hacerle ninguna pregunta, porque ya todos nuestros deseos se verán satisfechos, y ya no buscaremos más.



Este poco tiempo nos parece largo porque todavía está discurriendo; cuando haya terminado, entonces nos daremos cuenta de lo corto que ha sido. Que nuestro gozo sea diferente del que tiene el mundo de quien se dice: El mundo se alegrará. En este tiempo en que crece nuestro deseo, no estemos sin gozo, sino, tal como dice el apóstol Pablo: Con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación. Porque la mujer, cuando va a dar a luz, con la cual el Señor nos compara, siente tanto gozo por el hijo que va a parir que no se entris­tece por su sufrimiento.
San Agustín
Oriundo de Tagaste (en la actual Argelia), fue obispo de Hipona. Es uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia latina.
Es doctor de la Iglesia (354-430).


viernes, 14 de julio de 2017

EL ESPIRITU SANTO.


Cristo está verdaderamente con nosotros ahora: Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Podéis dar esta explicación: «Cristo volvió, pero en espíritu; es su Espíritu quien vino en su lugar, y cuando Cristo dijo que está con nosotros, significa que su Espíritu está con nosotros». Nadie, por cierto, puede negar que el Espíritu Santo vino, ¿pero por qué vino? ¿Para suplir la ausencia de Cristo o para cumplir su presencia? Ciertamente, para hacerlo presente. No imaginemos ni un momento que Dios Espíritu Santo pueda venir de tal modo que Dios Hijo se quede lejos. Por el Santo Espíritu entramos en comunión con el Padre y el Hijo...

El Espíritu Santo suscita la presencia de Cristo en el corazón y la fe la acoge. Así pues, el Espíritu no ocupa el lugar de Cristo en el corazón, sino que le asegura este sitio a Cristo... El Espíritu Santo, pues, se digna a venir a nosotros con el fin de que, por su venida, Cristo pueda venir a nosotros, material o visiblemente, pero entrando en nosotros. Y así es como está a la vez pre­sente y ausente: ausente en cuanto que dejó la tierra, presente en cuanto a que no abandonó al alma fiel. Como él mismo dice: El mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis.

Beato John Henry Newman

Nace en Londres; convertido del anglicanismo, fue presbítero, cardenal y fundador de una comunidad religiosa (1801-1890).

martes, 11 de julio de 2017

EL SILENCIO INTERIOR.


Para los que quieren captar las ondas sobrenatu­rales del Espíritu Santo, hay una regla, una exigen­cia que se impone de modo ordinario: la vida interior. Dentro del alma es donde uno se encuentra con este huésped indecible: «dulce huésped del alma», dice el maravilloso himno litúrgico de Pentecostés. El hom­bre se hace templo del Espíritu Santo, nos repite san Pablo. El hombre de hoy, y también el cristiano muy a menudo, incluso los que están consagrados a Dios, tienden a secularizarse. Pero no podrá, jamás deberá olvidar esta exigencia fundamental de la vida interior si quiere que su vida sea cristiana y esté animada por el Espíritu Santo. El silencio interior es necesario para oír la palabra de Dios, para sentir su presencia, para oír la llamada de Dios.

Hoy nuestro espíritu está demasiado volcado hacia el exterior; no sabemos meditar, no sabemos orar; no sabemos acallar todo el ruido que hacen en nosotros los intereses exteriores, las imágenes, los humores. No hay en el corazón un espacio tranquilo y consagrado para recibir el fuego de Pentecostés... La conclusión es clara: hay que darle a la vida interior un sitio en el pro­grama de nuestra ajetreada vida; un sitio privilegiado, silencioso y puro; debemos encontrarnos a nosotros mismos para que pueda vivir en nosotros el Espíritu vivificante y santificante.

Beato Pablo VI

Papa desde 1963 a 1978, llevó a término el Concilio Vaticano II.

viernes, 7 de julio de 2017

EL AMOR GANA LA TIERRA Y EL CIELO.


El amor nos eleva hasta una altura inefable. El amor nos une a Dios, el amor cubre la multitud de los peca­dos, el amor lo aguanta todo, lo soporta todo con paciencia; nada sórdido ni altanero hay en él; el amor no admite divisiones, no promueve discordias, sino que lo hace todo en la concordia; en el amor hallan su per­fección todos los elegidos de Dios, y sin él nada es grato a Dios. En el amor nos acogió el Señor: por su amor hacia nosotros, nuestro Señor Jesucristo, cumpliendo la voluntad del Padre, dio su sangre por nosotros, su carne por nuestra carne, su vida por nuestra vida.

Ya veis, amados hermanos, cuan grande y admira­ble es el amor y cómo su perfección es inenarrable. Nadie es capaz de practicarlo adecuadamente si Dios no le otorga este don. Oremos, por tanto, e implore­mos la misericordia divina, para que sepamos practicar sin tacha el amor, libres de toda parcialidad humana. Todas las generaciones anteriores, desde Adán hasta nuestros días, han pasado; pero los que por gracia de Dios han sido perfectos en el amor obtienen el lugar destinado a los justos y se manifestarán el día de la lle­gada del reino de Cristo.

San Clemente de Roma

Posiblemente fue colaborador de san Pablo; fue el tercer sucesor de san Pedro y autor de la carta a los Corintios (96?). Murió mártir.

martes, 4 de julio de 2017

EL PADRE Y EL HIJO SON IGUALES, PERO PERSONAS DISTINTAS.


Dice el Señor Jesús a sus discípulos: Yo soy el camino, la verdad y la vida; ninguno viene al Padre sino por mí. Sime conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; y desde ahora lo conocéis y lo habéis visto. Le dice Felipe: Señor, muéstranos al Padre y nos basta. Le dice Jesús: Tanto tiempo con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? El que me ve a mí ve también a mi Padre.
Por eso, hijos de los hombres, ¿por qué no recono­céis la verdad y creéis en el Hijo de Dios? Mirad que diariamente se humilla, como cuando vino desde el trono real al seno de la Virgen. Él mismo viene diaria­mente a nosotros en humilde apariencia. Cada día baja del seno del Padre al altar en manos del sacerdote. Y como se mostró a los santos apóstoles en carne verda­dera, así también ahora se muestra a nosotros en el Pan sagrado. Y lo mismo que ellos con los ojos del cuerpo veían solamente su carne, mas con los ojos espiritua­les creían que él era Dios, así también nosotros, al ver el pan y el vino con los ojos del cuerpo, hemos de ver y creer firmemente que es su santísimo cuerpo vivo y verdadero. Y de ese modo está siempre el Señor con sus fieles, como él mismo dijo: "Mirad que yo estoy con vosotros hasta la consumación de los siglos".


San Francisco DE ASIS.

viernes, 30 de junio de 2017

LAS DOS NATURALEZAS DE CRISTO.

Dios escogió a una virgen de la casa real de David para que llevara en su seno a un hijo santo, al mismo tiempo divino y humano, el Verbo, la Palabra de Dios, que es Dios mismo, el Hijo de Dios, que en el principio estaba ¡unto a Dios y por medio de la Palabra se hizo todo y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho, se hizo hombre para librar al hombre de la muerte eterna. Se abajó hasta la humildad de nuestra condición sin que su majestad disminuyera. Siendo lo que era y asumiendo lo que no era, unió a una verdadera naturaleza de siervo la naturaleza según la cual era igual al Padre. Unión tan estrechamente estas dos naturalezas que su gloria no pudo hacer desaparecer la naturaleza inferior, ni la unión con esta envilecer la naturaleza superior.
Así, permanece íntegro lo que es propio de cada naturaleza uniéndose en una sola persona: la humildad es acogida por la majestad; la debilidad, por la fuerza; la mortalidad, por la eternidad. Para pagar la deuda de nuestra condición, la naturaleza que está por encima de todo se une a la naturaleza capaz de sufrir, asociando en la unidad de un solo Señor Jesús al verdadero Dios y verdadero hombre. De esta manera, tal como era necesario para curarnos, el único mediador entre Dios y los hombres pudo morir por la acción de los hombres y resucitar por la acción de Dios.

San León Magno
Gran predicador y escrito/ fue chispo de Roma; desarrolló una Ingente labor de mediación para evitarla violencia de las incursiones bárbaras (t 461).

martes, 27 de junio de 2017

¿Me amas?


Cuando Cristo confiaba a Pedro sus ovejas, quería que se hiciera solo uno con él. El Salvador sería la Cabeza, Pedro representaría el cuerpo de la Iglesia. Así, pues, para poder encomendar a Pedro sus ovejas, sin que con ello pareciera que las ovejas quedaban encomendadas a otro pastor distinto de sí mismo, el Señor le pregunta: Pedro, ¿me amas? Él respondió: Te amo. Y así por tres veces. Quería, de este modo, fortalecer el amor para reforzar la unidad.
No fue por falta de pastores por lo que el Señor dijo: Yo mismo apacentaré a mis ovejas, como si dijera: «No tengo a quién encomendarlas». Porque, cuando todavía Pedro y los demás apóstoles vivían en este mundo, el que es el único pastor en el que todos los pastores son uno dijo: Tengo otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor. Que todos se identifiquen con el único pastor y hagan oír la única voz del pastor, para que la oigan las ovejas y sigan al único pastor, y no a este o a aquel, sino al único. Y que todos en él hagan oír la misma voz, y que no tenga cada uno su propia voz: Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo: poneos de acuerdo y no andéis divididos. Que las ovejas oigan esta voz, limpia de toda división y purificada de toda herejía, y que la sigan.

San Agustín
Oriundo de Tagaste (en la actual Argelia), fue obispo de Hipona. Es uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia latina.
Es doctor de la Iglesia (354-430).

viernes, 23 de junio de 2017

NO NOS FIÉMOS DE LAS APARIENCIAS.


Aquellos que entregan completamente a Dios sus dones corporales y espirituales son los únicos que se hacen capaces y dignos de recibir, en todo tiempo, más gracias todavía. Hijos míos, estos hombres son como el tronco de la vid. Exteriormente es negro, seco y de poco valor. Al que no lo conociera, le parecería que solo sirve para ser echado al fuego y quemado. Pero por dentro, en el corazón de esta cepa, están escondidas las venas llenas de vida y una gran fuerza que produce la fruta más preciosa y más dulce de la viña.
Así son estas personas que tienen los ojos fijos en Dios. Por fuera, se parecen al bosque negro y seco, porque son humildes y pequeños. No son gente de grandes frases, de grandes obras ni de grandes prác­ticas; no viven de apariencias y, según su propia opi­nión, no brillan en nada. ¡Pero al que conozca la vena plena de vida que está en su interior, donde renuncian a lo que son por su naturaleza propia, donde Dios es su divisa y su apoyo, qué felicidad le proporcionará este conocimiento!

Beato Juan Taulero Dominico en Estrasburgo (Ca. 1300-1361).

martes, 20 de junio de 2017

EL BUEN PASTOR.


El buen pastor da su vida por sus ovejas. Cuando Jesús pronunció estas palabras, los apóstoles no sabían que hablaba de sí mismo. Ni siquiera Juan, el apóstol amado, lo sabía. Lo comprendió en el Calvario, al pie de la cruz, viendo cómo ofrecía su vida por sus ovejas. Cuando a los apóstoles les llegó el momento de asu­mir esta misma misión, se acordaron de las palabras de Jesús. Se dieron cuenta de que serian capaces de llevar a cabo esta misión hasta el final solamente por­que Jesús había asegurado que sería él mismo quien actuaría en ellos. Particularmente, Pedro era consciente de ello, y exhortaba a los ancianos de la Iglesia con estas palabras: Sed pastores del rebaño de Dios que os ha sido confiado.
A lo largo de los siglos, los sucesores de los apósto­les, guiados por el Espíritu Santo, han continuado su misión de reunir el rebaño de Cristo y conducirlo hacia el reino de los cielos, conscientes de que ellos mis­mos no pueden asumir una responsabilidad tal, más que «por Cristo, con Cristo y en Cristo». Yo mismo he tomado conciencia de ello cuando el Señor me ha lla­mado a ejercer la misión de Pedro. Desde el principio de mi pontificado, mis pensamientos, mis oraciones y mis acciones han estado animadas por un único deseo: dar testimonio de que Cristo, el buen Pastor, está pre­sente y actuante en la Iglesia. Por eso, desde el primer día, no he dejado de exhortar: ¡No tengáis miedo de acoger a Cristo, de aceptar su poder! Y lo repito aún hoy con fuerza: ¡Abrid las puertas a Cristo!
San Juan Pablo II
Primer papa polaco de la historia. Su pontificado ha sido el tercero más largo de la historia (1920-2005).

viernes, 16 de junio de 2017

EL PAN DA FUERZA AL CORAZÓN.


Participamos del cuerpo y la sangre de Cristo con una certeza plena, porque, bajo el aspecto del pan, está el cuerpo que te es dado; bajo el aspecto del vino, está la sangre que te es dada, con el fin de que, participando en el cuerpo y en la sangre de Cristo, te hagas un solo cuerpo y una sola sangre con Cristo. De este modo, según san Pedro, nos hacemos partícipes de la natu­raleza divina. Cristo, hablando con los judíos, decía: Si no coméis mi carne y no bebéis mi sangre, no tendréis vida en vosotros. Pero ellos, se marcharon escandaliza­dos. Existían también, en la Antigua Alianza, los panes de la ofrenda; pero aquí no hay razón para ofrecer estos panes de la Antigua Alianza. En la Alianza Nueva, hay un pan venido del cielo y una copa de la salvación.

El santo David también explica el poder de la Eucaristía cuando dice: Ante mí preparaste una mesa, enfrente de mis adversarios. ¿De qué habla si no de la mesa misteriosa y mística que Dios nos preparó contra el enemigo? David cantaba también: El pan fortifica el corazón del hombre, y el aceite da brillo a su rostro. Fortifica tu corazón tomando este pan como alimento espiritual, y se alegrará el rostro de tu alma.

Anónimo (siglo IV)

martes, 13 de junio de 2017

FELIPE Y SANTIAGO, MISIONEROS POR EL REINO DE DIOS.

Leyendo las Escrituras queda claro que la propuesta del evangelio no es solo la de una relación personal con Dios... La propuesta es el reino de Dios; se trata de amar a Dios que reina en el mundo. En la medida en que él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos. Entonces, tanto el anuncio como la experien­cia cristiana tienden a provocar consecuencias sociales.


Buscamos su reino: Buscad ante todo el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás vendrá por añadidura. El proyecto de Jesús es instaurar el reino de su Padre; él pide a sus discípulos: ¡Proclamad que está llegando el reino de los cielos!


El reino que se anticipa y crece entre nosotros lo toca todo y nos recuerda aquel principio de discerni­miento que Pablo VI proponía con relación al verda­dero desarrollo: «Todos los hombres y todo el hombre». Sabemos que «la evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre». Se trata del criterio de universalidad, propio de la diná­mica del evangelio, ya que el Padre desea que todos los hombres se salven y su plan de salvación consiste en recapitular todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo un solo jefe, que es Cristo.


Francisco


Jesuíta argentino, actual sucesor de san Pedro al frente de la Iglesia católica (1936- ).


viernes, 9 de junio de 2017

LOS SENTIDOS Y LA FÉ.



Los sentidos son curiosos; la fe, en cambio, no quiere conocer nada, pasaría toda su vida inmóvil al pie del tabernáculo. A los sentidos les gustan la riqueza y el honor; la fe se horroriza de ellos. Los sentidos se asustan de lo que ellos llaman peligros, de lo que puede traer el dolor o la muerte; la fe no se asusta de nada, sabe que le pasará solo lo que Dios quiera: Todos los cabe­llos de su cabeza están contados, y que lo que Dios quiera será siempre para su bien: Todo lo que sucede es para bien de los elegidos.

La fe lo alumbra todo con una luz nueva, que es diferente a la luz de los sentidos, más brillante, dis­tinta. Así, el que vive de fe tiene el alma llena de pen­samientos nuevos, de gustos nuevos, de juicios nuevos; de horizontes nuevos que se abren ante él, horizontes maravillosos, iluminados por una luz celeste, y embelle­cidos con la belleza divina. Envuelto con estas verdades nuevas y desconocidas por el mundo, necesariamente comienza una vida nueva, opuesta al mundo, para el que sus acciones son una locura. El mundo está en las tinieblas, en una noche profunda. El hombre de fe está lleno de luz, el camino luminoso por donde avanza no aparece ante los ojos de los hombres: estos parecen querer caminar por la vida como locos.

Beato Carlos de Foucauld

Militar y explorador, se hizo sacerdote. Murió asesinado por una banda de forajidos


en el Sahara argelino (1858-1916).

martes, 6 de junio de 2017

JESUS Y SUS AMIGOS.



Cuando se separó de su madre, Jesús escogió ami­gos humanos -los doce apóstoles- no para ser sier­vos, sino amigos. Hizo de ellos sus confidentes; les confió cosas que no dijo a otros. Les llamó sus hijitos; para concederles sus dones, los prefirió a los sabios y a los entendidos de este mundo. Manifestó su alegría y les permitió que se quedaran con él en sus pruebas, y como signo de reconocimiento, les anunció que se sentarían en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Encontró consuelo en su amistad a las puertas de su prueba suprema. Se reunió con ellos en la última Cena, como para ser sostenido por ellos en esta hora solemne. He deseado enormemente comer esta pascua con vosotros antes de padecer.
Había entre el Maestro y sus discípulos un intercambio de afecto, una amis­tad profunda. Pero su voluntad era que sus amigos lo abandonaran, lo dejaran solo, una voluntad verdade­ramente digna de adoración. Uno le traicionó; el otro renegó de él; el resto huyó, dejándolo en manos de sus enemigos... Estuvo solo cuando pisó el lagar. Sí, Jesús todopoderoso y bienaventurado, invadido
en su alma por la gloria de su naturaleza divina, quiso someter su alma a todas las perfecciones de nuestra naturaleza. Así como había disfrutado de la amistad de los suyos, aceptó la esolación de su abandono. Y cuando lo quiso, escogió privarse de la luz de la presencia de Dios.
Beato John Henry Newman
Nace en Londres; convertido del anglicanismo, fue presbítero, cardenal y fundador de una comunidad religiosa (1801-1890).