jueves, 20 de julio de 2017

¿DONDE ENCONTRAR LA ALEGRÍA DE AMAR?.


¿Dónde encontráis la alegría de amar? En la Eucaristía, la santa Comunión. Jesús mismo se hizo pan de vida para darnos vida. Noche y día está allí. Si vosotros real­mente queréis crecer en el amor, volved a la Eucaristía, a su adoración. En nuestra congregación, teníamos la costumbre de tener la adoración una vez a la semana durante una hora; después, en 1973, decidimos tener la adoración cada día durante una hora. Tenemos mucho trabajo; por todas partes nuestras casas para enfermos y moribundos indigentes están llenas. Pero desde el momento en que comenzamos la adoración cada día, nuestro amor por Jesús se volvió más íntimo, nuestro amor por cada hermano más benévolo, nuestro amor por los pobres más compasivo.

Mirad el tabernáculo y ved lo que significa ahora este amor. ¿Soy consciente de esto? ¿Mi corazón es lo bastante puro para ver allí a Jesús? Con el fin de que para vosotros y para mí sea más fácil ver a Jesús, él mismo se hizo pan de vida; con el fin de que pudiéra­mos recibir la vida, una vida de paz, una vida de ale­gría. Encontrad a Jesús y encontraréis la paz.


Santa Teresa de Calcuta Fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad (1910-1997).

 

lunes, 17 de julio de 2017

EL FINAL DE LOS TIEMPOS.


El Señor dijo: Dentro de poco ya no me veréis; den­tro de otro poco, me veréis. Eso que él llama un poco es todo el espacio de nuestro tiempo actual, lo que el evangelista Juan dice en su carta: Es la última hora. Esta promesa va dirigida a toda la Iglesia, como también esta otra: Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. El Señor no podía retra­sar su promesa: dentro de poco tiempo le veremos y ya no tendremos que pedirle nada, ni hacerle ninguna pregunta, porque ya todos nuestros deseos se verán satisfechos, y ya no buscaremos más.



Este poco tiempo nos parece largo porque todavía está discurriendo; cuando haya terminado, entonces nos daremos cuenta de lo corto que ha sido. Que nuestro gozo sea diferente del que tiene el mundo de quien se dice: El mundo se alegrará. En este tiempo en que crece nuestro deseo, no estemos sin gozo, sino, tal como dice el apóstol Pablo: Con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación. Porque la mujer, cuando va a dar a luz, con la cual el Señor nos compara, siente tanto gozo por el hijo que va a parir que no se entris­tece por su sufrimiento.
San Agustín
Oriundo de Tagaste (en la actual Argelia), fue obispo de Hipona. Es uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia latina.
Es doctor de la Iglesia (354-430).


viernes, 14 de julio de 2017

EL ESPIRITU SANTO.


Cristo está verdaderamente con nosotros ahora: Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Podéis dar esta explicación: «Cristo volvió, pero en espíritu; es su Espíritu quien vino en su lugar, y cuando Cristo dijo que está con nosotros, significa que su Espíritu está con nosotros». Nadie, por cierto, puede negar que el Espíritu Santo vino, ¿pero por qué vino? ¿Para suplir la ausencia de Cristo o para cumplir su presencia? Ciertamente, para hacerlo presente. No imaginemos ni un momento que Dios Espíritu Santo pueda venir de tal modo que Dios Hijo se quede lejos. Por el Santo Espíritu entramos en comunión con el Padre y el Hijo...

El Espíritu Santo suscita la presencia de Cristo en el corazón y la fe la acoge. Así pues, el Espíritu no ocupa el lugar de Cristo en el corazón, sino que le asegura este sitio a Cristo... El Espíritu Santo, pues, se digna a venir a nosotros con el fin de que, por su venida, Cristo pueda venir a nosotros, material o visiblemente, pero entrando en nosotros. Y así es como está a la vez pre­sente y ausente: ausente en cuanto que dejó la tierra, presente en cuanto a que no abandonó al alma fiel. Como él mismo dice: El mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis.

Beato John Henry Newman

Nace en Londres; convertido del anglicanismo, fue presbítero, cardenal y fundador de una comunidad religiosa (1801-1890).

martes, 11 de julio de 2017

EL SILENCIO INTERIOR.


Para los que quieren captar las ondas sobrenatu­rales del Espíritu Santo, hay una regla, una exigen­cia que se impone de modo ordinario: la vida interior. Dentro del alma es donde uno se encuentra con este huésped indecible: «dulce huésped del alma», dice el maravilloso himno litúrgico de Pentecostés. El hom­bre se hace templo del Espíritu Santo, nos repite san Pablo. El hombre de hoy, y también el cristiano muy a menudo, incluso los que están consagrados a Dios, tienden a secularizarse. Pero no podrá, jamás deberá olvidar esta exigencia fundamental de la vida interior si quiere que su vida sea cristiana y esté animada por el Espíritu Santo. El silencio interior es necesario para oír la palabra de Dios, para sentir su presencia, para oír la llamada de Dios.

Hoy nuestro espíritu está demasiado volcado hacia el exterior; no sabemos meditar, no sabemos orar; no sabemos acallar todo el ruido que hacen en nosotros los intereses exteriores, las imágenes, los humores. No hay en el corazón un espacio tranquilo y consagrado para recibir el fuego de Pentecostés... La conclusión es clara: hay que darle a la vida interior un sitio en el pro­grama de nuestra ajetreada vida; un sitio privilegiado, silencioso y puro; debemos encontrarnos a nosotros mismos para que pueda vivir en nosotros el Espíritu vivificante y santificante.

Beato Pablo VI

Papa desde 1963 a 1978, llevó a término el Concilio Vaticano II.

viernes, 7 de julio de 2017

EL AMOR GANA LA TIERRA Y EL CIELO.


El amor nos eleva hasta una altura inefable. El amor nos une a Dios, el amor cubre la multitud de los peca­dos, el amor lo aguanta todo, lo soporta todo con paciencia; nada sórdido ni altanero hay en él; el amor no admite divisiones, no promueve discordias, sino que lo hace todo en la concordia; en el amor hallan su per­fección todos los elegidos de Dios, y sin él nada es grato a Dios. En el amor nos acogió el Señor: por su amor hacia nosotros, nuestro Señor Jesucristo, cumpliendo la voluntad del Padre, dio su sangre por nosotros, su carne por nuestra carne, su vida por nuestra vida.

Ya veis, amados hermanos, cuan grande y admira­ble es el amor y cómo su perfección es inenarrable. Nadie es capaz de practicarlo adecuadamente si Dios no le otorga este don. Oremos, por tanto, e implore­mos la misericordia divina, para que sepamos practicar sin tacha el amor, libres de toda parcialidad humana. Todas las generaciones anteriores, desde Adán hasta nuestros días, han pasado; pero los que por gracia de Dios han sido perfectos en el amor obtienen el lugar destinado a los justos y se manifestarán el día de la lle­gada del reino de Cristo.

San Clemente de Roma

Posiblemente fue colaborador de san Pablo; fue el tercer sucesor de san Pedro y autor de la carta a los Corintios (96?). Murió mártir.

martes, 4 de julio de 2017

EL PADRE Y EL HIJO SON IGUALES, PERO PERSONAS DISTINTAS.


Dice el Señor Jesús a sus discípulos: Yo soy el camino, la verdad y la vida; ninguno viene al Padre sino por mí. Sime conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; y desde ahora lo conocéis y lo habéis visto. Le dice Felipe: Señor, muéstranos al Padre y nos basta. Le dice Jesús: Tanto tiempo con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? El que me ve a mí ve también a mi Padre.
Por eso, hijos de los hombres, ¿por qué no recono­céis la verdad y creéis en el Hijo de Dios? Mirad que diariamente se humilla, como cuando vino desde el trono real al seno de la Virgen. Él mismo viene diaria­mente a nosotros en humilde apariencia. Cada día baja del seno del Padre al altar en manos del sacerdote. Y como se mostró a los santos apóstoles en carne verda­dera, así también ahora se muestra a nosotros en el Pan sagrado. Y lo mismo que ellos con los ojos del cuerpo veían solamente su carne, mas con los ojos espiritua­les creían que él era Dios, así también nosotros, al ver el pan y el vino con los ojos del cuerpo, hemos de ver y creer firmemente que es su santísimo cuerpo vivo y verdadero. Y de ese modo está siempre el Señor con sus fieles, como él mismo dijo: "Mirad que yo estoy con vosotros hasta la consumación de los siglos".


San Francisco DE ASIS.

viernes, 30 de junio de 2017

LAS DOS NATURALEZAS DE CRISTO.

Dios escogió a una virgen de la casa real de David para que llevara en su seno a un hijo santo, al mismo tiempo divino y humano, el Verbo, la Palabra de Dios, que es Dios mismo, el Hijo de Dios, que en el principio estaba ¡unto a Dios y por medio de la Palabra se hizo todo y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho, se hizo hombre para librar al hombre de la muerte eterna. Se abajó hasta la humildad de nuestra condición sin que su majestad disminuyera. Siendo lo que era y asumiendo lo que no era, unió a una verdadera naturaleza de siervo la naturaleza según la cual era igual al Padre. Unión tan estrechamente estas dos naturalezas que su gloria no pudo hacer desaparecer la naturaleza inferior, ni la unión con esta envilecer la naturaleza superior.
Así, permanece íntegro lo que es propio de cada naturaleza uniéndose en una sola persona: la humildad es acogida por la majestad; la debilidad, por la fuerza; la mortalidad, por la eternidad. Para pagar la deuda de nuestra condición, la naturaleza que está por encima de todo se une a la naturaleza capaz de sufrir, asociando en la unidad de un solo Señor Jesús al verdadero Dios y verdadero hombre. De esta manera, tal como era necesario para curarnos, el único mediador entre Dios y los hombres pudo morir por la acción de los hombres y resucitar por la acción de Dios.

San León Magno
Gran predicador y escrito/ fue chispo de Roma; desarrolló una Ingente labor de mediación para evitarla violencia de las incursiones bárbaras (t 461).

martes, 27 de junio de 2017

¿Me amas?


Cuando Cristo confiaba a Pedro sus ovejas, quería que se hiciera solo uno con él. El Salvador sería la Cabeza, Pedro representaría el cuerpo de la Iglesia. Así, pues, para poder encomendar a Pedro sus ovejas, sin que con ello pareciera que las ovejas quedaban encomendadas a otro pastor distinto de sí mismo, el Señor le pregunta: Pedro, ¿me amas? Él respondió: Te amo. Y así por tres veces. Quería, de este modo, fortalecer el amor para reforzar la unidad.
No fue por falta de pastores por lo que el Señor dijo: Yo mismo apacentaré a mis ovejas, como si dijera: «No tengo a quién encomendarlas». Porque, cuando todavía Pedro y los demás apóstoles vivían en este mundo, el que es el único pastor en el que todos los pastores son uno dijo: Tengo otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor. Que todos se identifiquen con el único pastor y hagan oír la única voz del pastor, para que la oigan las ovejas y sigan al único pastor, y no a este o a aquel, sino al único. Y que todos en él hagan oír la misma voz, y que no tenga cada uno su propia voz: Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo: poneos de acuerdo y no andéis divididos. Que las ovejas oigan esta voz, limpia de toda división y purificada de toda herejía, y que la sigan.

San Agustín
Oriundo de Tagaste (en la actual Argelia), fue obispo de Hipona. Es uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia latina.
Es doctor de la Iglesia (354-430).

viernes, 23 de junio de 2017

NO NOS FIÉMOS DE LAS APARIENCIAS.


Aquellos que entregan completamente a Dios sus dones corporales y espirituales son los únicos que se hacen capaces y dignos de recibir, en todo tiempo, más gracias todavía. Hijos míos, estos hombres son como el tronco de la vid. Exteriormente es negro, seco y de poco valor. Al que no lo conociera, le parecería que solo sirve para ser echado al fuego y quemado. Pero por dentro, en el corazón de esta cepa, están escondidas las venas llenas de vida y una gran fuerza que produce la fruta más preciosa y más dulce de la viña.
Así son estas personas que tienen los ojos fijos en Dios. Por fuera, se parecen al bosque negro y seco, porque son humildes y pequeños. No son gente de grandes frases, de grandes obras ni de grandes prác­ticas; no viven de apariencias y, según su propia opi­nión, no brillan en nada. ¡Pero al que conozca la vena plena de vida que está en su interior, donde renuncian a lo que son por su naturaleza propia, donde Dios es su divisa y su apoyo, qué felicidad le proporcionará este conocimiento!

Beato Juan Taulero Dominico en Estrasburgo (Ca. 1300-1361).

martes, 20 de junio de 2017

EL BUEN PASTOR.


El buen pastor da su vida por sus ovejas. Cuando Jesús pronunció estas palabras, los apóstoles no sabían que hablaba de sí mismo. Ni siquiera Juan, el apóstol amado, lo sabía. Lo comprendió en el Calvario, al pie de la cruz, viendo cómo ofrecía su vida por sus ovejas. Cuando a los apóstoles les llegó el momento de asu­mir esta misma misión, se acordaron de las palabras de Jesús. Se dieron cuenta de que serian capaces de llevar a cabo esta misión hasta el final solamente por­que Jesús había asegurado que sería él mismo quien actuaría en ellos. Particularmente, Pedro era consciente de ello, y exhortaba a los ancianos de la Iglesia con estas palabras: Sed pastores del rebaño de Dios que os ha sido confiado.
A lo largo de los siglos, los sucesores de los apósto­les, guiados por el Espíritu Santo, han continuado su misión de reunir el rebaño de Cristo y conducirlo hacia el reino de los cielos, conscientes de que ellos mis­mos no pueden asumir una responsabilidad tal, más que «por Cristo, con Cristo y en Cristo». Yo mismo he tomado conciencia de ello cuando el Señor me ha lla­mado a ejercer la misión de Pedro. Desde el principio de mi pontificado, mis pensamientos, mis oraciones y mis acciones han estado animadas por un único deseo: dar testimonio de que Cristo, el buen Pastor, está pre­sente y actuante en la Iglesia. Por eso, desde el primer día, no he dejado de exhortar: ¡No tengáis miedo de acoger a Cristo, de aceptar su poder! Y lo repito aún hoy con fuerza: ¡Abrid las puertas a Cristo!
San Juan Pablo II
Primer papa polaco de la historia. Su pontificado ha sido el tercero más largo de la historia (1920-2005).

viernes, 16 de junio de 2017

EL PAN DA FUERZA AL CORAZÓN.


Participamos del cuerpo y la sangre de Cristo con una certeza plena, porque, bajo el aspecto del pan, está el cuerpo que te es dado; bajo el aspecto del vino, está la sangre que te es dada, con el fin de que, participando en el cuerpo y en la sangre de Cristo, te hagas un solo cuerpo y una sola sangre con Cristo. De este modo, según san Pedro, nos hacemos partícipes de la natu­raleza divina. Cristo, hablando con los judíos, decía: Si no coméis mi carne y no bebéis mi sangre, no tendréis vida en vosotros. Pero ellos, se marcharon escandaliza­dos. Existían también, en la Antigua Alianza, los panes de la ofrenda; pero aquí no hay razón para ofrecer estos panes de la Antigua Alianza. En la Alianza Nueva, hay un pan venido del cielo y una copa de la salvación.

El santo David también explica el poder de la Eucaristía cuando dice: Ante mí preparaste una mesa, enfrente de mis adversarios. ¿De qué habla si no de la mesa misteriosa y mística que Dios nos preparó contra el enemigo? David cantaba también: El pan fortifica el corazón del hombre, y el aceite da brillo a su rostro. Fortifica tu corazón tomando este pan como alimento espiritual, y se alegrará el rostro de tu alma.

Anónimo (siglo IV)

martes, 13 de junio de 2017

FELIPE Y SANTIAGO, MISIONEROS POR EL REINO DE DIOS.

Leyendo las Escrituras queda claro que la propuesta del evangelio no es solo la de una relación personal con Dios... La propuesta es el reino de Dios; se trata de amar a Dios que reina en el mundo. En la medida en que él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos. Entonces, tanto el anuncio como la experien­cia cristiana tienden a provocar consecuencias sociales.


Buscamos su reino: Buscad ante todo el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás vendrá por añadidura. El proyecto de Jesús es instaurar el reino de su Padre; él pide a sus discípulos: ¡Proclamad que está llegando el reino de los cielos!


El reino que se anticipa y crece entre nosotros lo toca todo y nos recuerda aquel principio de discerni­miento que Pablo VI proponía con relación al verda­dero desarrollo: «Todos los hombres y todo el hombre». Sabemos que «la evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre». Se trata del criterio de universalidad, propio de la diná­mica del evangelio, ya que el Padre desea que todos los hombres se salven y su plan de salvación consiste en recapitular todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo un solo jefe, que es Cristo.


Francisco


Jesuíta argentino, actual sucesor de san Pedro al frente de la Iglesia católica (1936- ).


viernes, 9 de junio de 2017

LOS SENTIDOS Y LA FÉ.



Los sentidos son curiosos; la fe, en cambio, no quiere conocer nada, pasaría toda su vida inmóvil al pie del tabernáculo. A los sentidos les gustan la riqueza y el honor; la fe se horroriza de ellos. Los sentidos se asustan de lo que ellos llaman peligros, de lo que puede traer el dolor o la muerte; la fe no se asusta de nada, sabe que le pasará solo lo que Dios quiera: Todos los cabe­llos de su cabeza están contados, y que lo que Dios quiera será siempre para su bien: Todo lo que sucede es para bien de los elegidos.

La fe lo alumbra todo con una luz nueva, que es diferente a la luz de los sentidos, más brillante, dis­tinta. Así, el que vive de fe tiene el alma llena de pen­samientos nuevos, de gustos nuevos, de juicios nuevos; de horizontes nuevos que se abren ante él, horizontes maravillosos, iluminados por una luz celeste, y embelle­cidos con la belleza divina. Envuelto con estas verdades nuevas y desconocidas por el mundo, necesariamente comienza una vida nueva, opuesta al mundo, para el que sus acciones son una locura. El mundo está en las tinieblas, en una noche profunda. El hombre de fe está lleno de luz, el camino luminoso por donde avanza no aparece ante los ojos de los hombres: estos parecen querer caminar por la vida como locos.

Beato Carlos de Foucauld

Militar y explorador, se hizo sacerdote. Murió asesinado por una banda de forajidos


en el Sahara argelino (1858-1916).

martes, 6 de junio de 2017

JESUS Y SUS AMIGOS.



Cuando se separó de su madre, Jesús escogió ami­gos humanos -los doce apóstoles- no para ser sier­vos, sino amigos. Hizo de ellos sus confidentes; les confió cosas que no dijo a otros. Les llamó sus hijitos; para concederles sus dones, los prefirió a los sabios y a los entendidos de este mundo. Manifestó su alegría y les permitió que se quedaran con él en sus pruebas, y como signo de reconocimiento, les anunció que se sentarían en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Encontró consuelo en su amistad a las puertas de su prueba suprema. Se reunió con ellos en la última Cena, como para ser sostenido por ellos en esta hora solemne. He deseado enormemente comer esta pascua con vosotros antes de padecer.
Había entre el Maestro y sus discípulos un intercambio de afecto, una amis­tad profunda. Pero su voluntad era que sus amigos lo abandonaran, lo dejaran solo, una voluntad verdade­ramente digna de adoración. Uno le traicionó; el otro renegó de él; el resto huyó, dejándolo en manos de sus enemigos... Estuvo solo cuando pisó el lagar. Sí, Jesús todopoderoso y bienaventurado, invadido
en su alma por la gloria de su naturaleza divina, quiso someter su alma a todas las perfecciones de nuestra naturaleza. Así como había disfrutado de la amistad de los suyos, aceptó la esolación de su abandono. Y cuando lo quiso, escogió privarse de la luz de la presencia de Dios.
Beato John Henry Newman
Nace en Londres; convertido del anglicanismo, fue presbítero, cardenal y fundador de una comunidad religiosa (1801-1890).
 


viernes, 2 de junio de 2017

EL BESO DE JUDAS.


La paz es un don de la resurrección de Cristo. A las puertas de la muerte, no vaciló en darle esta paz al discípulo que lo entregaba; abrazó al traidor como se abraza al amigo fiel. No creáis que el beso que el Señor le dio a Judas Iscariote estuvo inspirado por otro sen­timiento que el de la ternura. Cristo sabía que Judas lo traicionaría. Sabía lo que significaba este signo de amor, y no escapó de él. Jesús esperaba también que este gesto revolviera a Judas y que, asombrado por su bondad, no traicionaría al que le amaba, no entregaría al que le abrazaba. Así este beso fue concedido como una prueba: si lo aceptaba, sería un lazo de paz entre Jesús y su discípulo; si Judas le traicionaba, este beso se convertía en su propia acusación.
El Señor le dice: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre? ¿Dónde está el complot del ene­migo? ¿Dónde se esconde su astucia? Todo lo secreto se descubre. El traidor se traiciona antes de traicionar a su Maestro. ¿Entregas al Hijo del hombre con un beso? ¿Con el sello del amor hieres? ¿Con el gesto de la ter­nura derramas sangre? ¿Con el signo de la paz traes la muerte? Pero estos besos, con los que el servidor trai­ciona a su Señor, el discípulo a su maestro, el elegido a su creador, estos besos no son besos, sino veneno.
San Máximo de TURIN
Obispo de Turín; de este notable predicador se conservan numerosos sermones (siglos IV-V).

martes, 30 de mayo de 2017

LAZARO -> JESÚS.


Cuando Jesús llegó, Lázaro ya llevaba enterrado cuatro días... Sus discípulos habían intentado disua­dido de volver a Judea por temor a que lo mataran; y su temor se hizo realidad: fue allí para resucitar a Lázaro, y la fama de este milagro fue la causa inmediata de su detención y de su crucifixión. Él sabía todo esto de antemano: vio la resurrección de Lázaro, la comida en casa de Marta, Lázaro en la mesa, la alegría por todas partes, María que lo honraba durante esta comida de fiesta derramando un perfume muy valioso sobre sus pies, numerosos judíos que venían no solo para verlo a él, sino también para ver a Lázaro, su entrada triunfal en Jerusalén, la muchedumbre que gritaba Hosanna, la gente que testimoniaba la resurrección de Lázaro, griegos venidos a adorar a Dios durante la Pascua que querían vedo a toda costa, los niños que participaban en la alegría general, y luego los fariseos que conspira­ban contra él, Judas que le traicionaba, sus amigos que le abandonaban, y la cruz que le recibía...

Presentía que Lázaro volvía a la vida a cambio de su propio sacrificio, que él descendía a la tumba que Lázaro dejaba vacía, que Lázaro iba a vivir y él iba a morir. Y sabía que aceptaba esta muerte voluntariamente; había descendido del seno de su Padre para expiar con su sangre los pecados de todos los hombres y resucitar de la tumba a todos los creyentes.

Beato John HENRY NEWMAN

Nace en Londres; convertido del anglicanismo, fue presbítero, cardenal y fundador de una comunidad religiosa (1801-1890).

viernes, 26 de mayo de 2017

LA IGLESIA NO ES UNA ADUANA.


La Iglesia «en salida» es una Iglesia con las puertas abiertas... La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre... Todos pueden participar de alguna manera en la vida eclesial, todos pueden integrar la comunidad, y tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera. Esto vale sobre todo cuando se trata de ese sacramento que es «la puerta», el bautismo. La Eucaristía, si bien consti­tuye la plenitud de la vida sacramental, no es un pre­mio para los perfectos, sino un generoso remedio y un alimento para los débiles... Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas.

Si la Iglesia entera asume este dinamismo misionero, debe llegar a todos, sin excepciones. Pero ¿a quiénes debería privilegiar? Cuando uno lee el evangelio, se encuentra con una orientación contundente: no tanto a los amigos y vecinos ricos, sino sobre todo a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvi­dados, a aquellos que no tienen con qué recompen­sarte. No deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre, «los pobres son los destinatarios privilegiados del evan­gelio»... Hay que decir sin vueltas que existe un vín­culo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos.

FRANCISCO


Jesuíta argentino, actual sucesor de san Pedro al frente de la Iglesia católica (1936- ).

martes, 23 de mayo de 2017

TENEMOS QUE SALIR.



Id y haced que todos los pueblos sean mis discípu­los. En la Palabra de Dios aparece permanentemente este dinamismo de «salida» que Dios quiere provocar en los creyentes. Abrahán aceptó el llamado a salir hacia una tierra nueva. Moisés escuchó el llamado de Dios: Ve, yo te envío, e hizo salir al pueblo hacia la tierra de la promesa. A Jeremías le dijo: Adondequiera que yo te envíe irás...
y todos somos llamados a esta nueva «salida» misionera. Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del evangelio.
La alegría del evangelio que llena la vida de la comu­nidad de los discípulos es una alegría misionera. La experimentan los setenta y dos discípulos, que regre­san de la misión llenos de gozo. La vive Jesús, que se estremece de gozo en el Espíritu Santo... Esa alegría es un signo de que el evangelio ha sido anunciado y está dando fruto. Pero siempre tiene la dinámica del éxodo y del don, del salir de sí, del caminar y sembrar siempre de nuevo, siempre más allá. El Señor dice: Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido... Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La ale­gría del evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie.
FRANCISCO
Jesuíta argentino, actual sucesor de san Pedro al frente de la Iglesia católica (1936-).


viernes, 19 de mayo de 2017

LA RESURECCION DE LAZARO.


Cuando preguntó: ¿Dónde lo habéis puesto?, los ojos de nuestro Señor se llenaron de lágrimas. Sus lágrimas fueron como la lluvia, Lázaro como el grano, y el sepul­cro como la tierra. Gritó con voz potente, la muerte tembló a su voz, Lázaro brotó como el grano, salió y adoró al Señor que lo había resucitado. La fuerza de la muerte que había triunfado después de cuatro días es pisoteada para que la muerte supiera que al Señor le era fácil vencerla al tercer día; su promesa es verídica: había prometido que él mismo resucitaría el tercer día.

Acércate y quita la piedra. ¿Acaso el que resucitó a un muerto y le devolvió la vida no podía abrir el sepul­cro y derribar la piedra? Ciertamente, habría podido también quitar la piedra por su palabra aquel cuya voz, mientras estaba suspendido de la cruz, quebró las pie­dras y el sepulcro. Pero, como era amigo de Lázaro, dice: «Abrid, para que el olor de la podredumbre les golpee, y desatadlo vosotros que lo habéis envuelto en un sudario, para que reconozcáis bien al que habíais sepultado».

San Efrén

Diácono y maestro en lo escuela de Edesa, Mesopotamia, escribe sus obras para la liturgia y la catequesis de lengua siríaca.

Doctor de la Iglesia (3067-373).

martes, 16 de mayo de 2017

LOS MUERTOS ESCUCHARÁN LA VOZ DEL HIJO DE DIOS.


Los que no me han reconocido

no se han beneficiado de mi presencia;

he estado escondido para aquellos

   que no me han poseído.

Estoy cerca de los que me aman.

Han muerto todos mis perseguidores;

los que me sabían vivo me han buscado.

He resucitado, estoy con ellos,

hablo por su boca.

   No han hecho caso a los que les perseguían; sobre ellos he echado el yugo de mi amor.


Como el brazo del novio por encima de su novia, así es mi yugo sobre los que me conocen. Tal como la tienda de los desposorios se levanta en casa de la novia,
así mi amor protege a los que creen en mí.
No he sido reprobado,
aun cuando parecía que lo era.
No he perecido,
aunque ellos se lo han pensado.
La estancia de los muertos me ha visto
y ha sido vencida,
la muerte me ha dejado marchar,
y muchos se han venido conmigo.
Para ella he sido hiél y vinagre;
con ella he descendido hasta su estancia,
hasta su máxima profundidad.
La muerte se ha retirado,
no ha podido soportar mi rostro.
He tenido entre los muertos
una asamblea de vivos.
Les he hablado con labios vivientes,
de manera que mi palabra no fuera vana.
TEXTO HEBRAICO DEL PRINCIPIO DEL SIGLO II


viernes, 12 de mayo de 2017

MARÍA, SALVACIÓN DE LOS HOMBRES.




Esta mujer será Madre de Dios, puerta de la luz, fuente de vida; destruirá la acusación que pesaba sobre Eva. Los ricos de entre los pueblos buscarán su ros­tro, los reyes de las naciones se prosternarán ante ella ofreciéndole obsequios... pero la gloria de la Madre de Dios es interior: es el fruto de su vientre. Mujer tan digna de ser amada, tres veces bienaventurada, eres bendita entre las mujeres y el fruto de tu vientre es bendito. Hija del rey David y Madre de Dios, Rey del universo, la obra maestra en la que el Creador se rego­cija, serás la cumbre de la naturaleza. Porque tu vida no será para ti, no has nacido para ti misma, sino que tu vida será para Dios.
Viniste al mundo para él, servirás para la salvación de todos los hombres, cumpliendo el designio de Dios fijado desde antiguo: la encarnación del Verbo, su Palabra, y nuestra divinización. Todo tu deseo es ali­mentarte de la palabra de Dios, fortalecerte con su savia, como verde olivo en la casa de Dios, un árbol plantado al borde de la acequia, tú, el árbol de la vida que dio fruto a su tiempo... El que es infinito, ilimitado, vino para quedarse en tu seno; Dios, el niño Jesús, se alimentó de tu leche. Eres la puerta siempre virginal de Dios; tus manos sostienen a tu Dios; tus rodillas son un trono más elevado que los querubines... Eres la cámara nupcial del Espíritu, la ciudad del Dios vivo, en la que se regocijan las aguas del río, es decir, el efluvio de los dones del Espíritu. Eres toda hermosa, la amada de Dios.
San Juan DAMASCENO
Monje, teólogo y doctor de la Iglesia (Ca. 675-749).
 


martes, 9 de mayo de 2017

EL AMOR OPERANTE.


Llevar el nombre de cristiano sin seguir el camino de Cristo ¿no es traicionar el nombre divino y abandonar el camino de la salvación? Porque el mismo Señor enseña y declara que el hombre que guarda sus mandamien­tos entrará en la vida, que el que escucha sus palabras y las pone en práctica es un sabio y que aquel que las enseña y conforma su vida según ellas será llamado grande en el reino de los cielos. Toda predicación buena y saludable no aprovechará al predicador si la palabra que sale de su boca no se convierte luego en actos.
¿Hay un mandamiento que el Señor haya enseñado con más insistencia a sus discípulos que este de amar­nos los unos a los otros con el mismo amor con que él nos ha amado? ¿Se encontrará entre los consejos que conducen a la salvación y entre los preceptos divinos un mandamiento más importante que guardar y obser­var? ¿Pero el que por la envidia se ha vuelto incapaz de actuar como un hombre de paz y de corazón podrá guardar la paz o el amor del Señor?
Por esto, el apóstol Pablo proclamó también los méri­tos de la paz y de la caridad. Afirmó con fuerza que ni la fe, ni las limosnas, ni siquiera los sufrimientos del martirio le servirían de nada si no respetara los lazos de la caridad.

San CIPRIANO    Natural de Cartago y convertido del paganismo, llegó a ser obispo de su ciudad; escribe en tiempos de persecución de la Iglesia y sufrió el martirio (210-258).
 

viernes, 5 de mayo de 2017

PODEMOS LLEGAR A SER PUBLICANOS.




Si yo encontrara a un hombre que realmente tuviera los sentimientos del publicano, que verdaderamente se considerara pecador, con tal que en este sentimiento de humildad tuviera el deseo de ser bueno, le daría con buena conciencia cada dos días el cuerpo de nuestro Señor... Si el hombre quiere continuar absteniéndose de caídas y faltas graves, es muy necesario que sea alimentado de este alimento noble y fuerte... Por eso vosotras no debéis fácilmente absteneros de la comu­nión porque os sepáis pecadoras. Al contrario, debéis acudir con frecuencia a la mesa santa, porque ahí están, allí son depositadas y escondidas toda fuerza, toda san­tidad, toda ayuda y todo consuelo.
Pero vosotras no juzgaréis tampoco a los que no lo hacen... No debéis emitir ningún juicio, para no ser semejantes al fariseo que se vanagloriaba y condenaba al que estaba detrás de él. Guardaos de esto como de la pérdida de vuestras almas; absteneos de este peligroso pecado de la reprobación... Cuando el hombre llega a la cumbre de toda perfección, nada es más necesario para él que sumergirse en las profundidades más bajas e ir hasta las raíces de la humildad. Porque del mismo modo que la altura de un árbol depende de la profun­didad de sus raíces, así la elevación de esta vida viene de la profundidad de la humildad. He aquí por qué el publicano, que había reconocido las profundidades de su bajeza hasta el punto de no atreverse a levantar los ojos hacia el cielo, fue elevado sobre la altura, porque regresó a su casa habiendo sido justificado.
Beato Juan TAULERO,      Dominico en Estrasburgo (Ca. 1300-1361).


martes, 2 de mayo de 2017

LA SED.


¿De qué tiene sed el Señor? Jesús pide de beber para que se haga más evidente la sed de la mujer. También nosotros hemos de descubrir la profundi­dad de nuestra sed, la que solo puede saciar el Señor. Por eso inmediatamente añade: Si conocieras el don de Dios.


Todo el diálogo que hoy leemos lo podría mantener el Señor con cada uno de nosotros. Es maravillosa la pedago­gía de Jesús, cómo va conduciendo a la samaritana para que pueda reconocer lo que verdaderamente necesita. Deja que se defienda con todos los argumentos que están a su alcance y, uno tras otro, van cayendo ante la suavidad de las ense­ñanzas de Cristo. ¿Acaso nosotros, como ella, no estamos tentados de pensar que es difícil que haya un pozo mejor que el de Jacob, que ha saciado la sed de tantos rebaños y personas? ¿No nos hemos refugiado en la teología olvidando que lo que Dios quiere es tener una relación personal con cada uno? ¿No hemos retrasado el día de la salvación a un futuro indeterminado para no sentir la urgencia de la res­puesta? ¿No hemos recurrido a evasivas cuando la palabra de Dios nos cuestionaba en lo personal? ¿No hemos encon­trado, en fin, mil argumentos inverosímiles para resistirnos al hecho sorprendente de que Jesús está aquí, junto a mí, y me mira y me habla?
Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber. Ahí está resumida la llamada a la conversión: reconocer a Jesús y el amor que me ofrece. Jesús ha movido a la sama­ritana haciéndola salir de su cerrazón. Le ha pedido algo. Ha despertado en ella el movimiento del amor. Era una mujer herida, como tantos de nosotros, pero en su corazón aque­llas palabras la sacaron de su ensimismamiento. De alguna manera fueron como la espoleta que le permitieron entrar en conversación sanadora con el Señor. Jesús captó su aten­ción. En lo profundo de aquel corazón resonaría el eco de una llamada original, que está en todos nosotros: hemos sido creados por amor y para el amor.
Fijémonos en cómo la mujer cambia totalmente (aban­dona el cántaro) cuando escucha: Soy yo, el que contigo habla. Pidamos eso: reconocer que es Jesús la respuesta a todas nuestras inquietudes y anhelos; que en él se nos da todo el amor de Dios.

David AMADO FERNÁNDEZ


viernes, 28 de abril de 2017

LA DESNUDEZ FRENTE AL SEÑOR.

Señor, mi alma está desnuda y aterida; desea calentarse con el calor de tu amor... En la inmensidad del desierto de mi corazón, no puedo recoger ni unas pocas ramas, sino solamente estas briznas, para prepararme algo para comer con el puñado de harina y la orza de aceite, y luego, entrando en mi aposento, me moriré. O mejor dicho: no moriré enseguida, no Señor, no moriré, viviré para contar las proezas del Señor.
Permanezco en mi soledad... y abro la boca hacia ti, Señor, buscando aliento. Y alguna vez, Señor, tú me metes alguna cosa en la boca del corazón; pero no permites que sepa qué es lo que metes. Ciertamente, saboreo algo muy dulce, tan suave y reconfortante que ya no busco nada más. Pero cuando lo recibo no me permites que conozca lo que me das... Cuando recibo tu don, lo quiero retener y rumiar, saborear, pero al instante desaparece...
Por experiencia sé lo que tú dices del Espíritu en el evangelio: No sabes ni de dónde viene y ni a dónde va. En efecto, todo lo que he confiado con atención a mi memoria para poderlo recordar según mi voluntad y saborearlo de nuevo, lo encuentro muerto e insípido dentro de mí. Oigo la palabra: El espíritu sopla donde quiere y descubro que dentro de mí sopla no cuando yo quiero, sino cuando él lo quiere.

Guillermo de SAINT-THIERRY
Abad cisterciense en Saint-Thierry (Francia) y gran maestro espiritual (Ca. 1085-1148).

martes, 25 de abril de 2017

RICOS Y POBRES..

¿Acaso aquel pobre fue transportado por los ángeles recompensando su pobreza y, por el contrario, el rico fue enviado al tormento por el pecado de sus riquezas? En el pobre queda patentemente glorificada la humildad, y en el rico, condenada la soberbia.
Brevemente probaré que no fue castigada en el rico la riqueza, sino la soberbia. Sin duda que el pobre fue llevado al seno de Abrahán; pero del mismo Abrahán dice la Escritura que poseyó en este mundo abundante oro y plata y que fue rico en la tierra. Si el rico es llevado a los tormentos, ¿cómo es que Abrahán había precedido al pobre a fin de recibirlo en su seno? Porque Abrahán en medio de las riquezas era pobre, humilde, cumplidor de todos los mandamientos y obediente. Hasta tal punto tuvo en nada las riquezas que Dios le ordenó inmolar a su hijo, para quien las conservaba.
Aprended a ser ricos y pobres tanto los que tenéis algo en este mundo, como los que no tenéis nada. Pues también encontráis al mendigo que se ensoberbece y al acaudalado que se humilla. Dios resiste a los soberbios, ya estén vestidos de seda o de andrajos; pero da su gracia a los humildes ya tengan algunos haberes mundanos, ya carezcan de ellos. Dios mira al interior; allí pesa, allí examina.

San AGUSTÍN
Oriundo de Tagaste (en la actual Argelia), fue obispo de Hipona. Es uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia latina.
Es doctor de la Iglesia (354-430).

viernes, 21 de abril de 2017

LA AYUDA DE DIOS POR LA ORACIÓN.

No creo que haya nadie que necesite tanto de la ayuda y gracia de Dios como yo. A veces me siento impotente y débil. Creo que por eso Dios me utiliza. Puesto que no puedo fiarme de mis fuerzas, me fío de él las veinticuatro horas del día. Y si el día tuviera más horas más necesitaría su ayuda y la gracia. Todos debemos aferramos a Dios a través de la oración. Mi secreto es muy sencillo: la oración. Mediante la oración me uno en el amor con Cristo. Comprendo que orarle es amarlo... La gente está hambrienta de la palabra de Dios para que les dé paz, unidad y alegría. Pero no se
puede dar lo que no se tiene, por lo que es necesario intensificar la vida de oración.
Sé sincero en tus oraciones. La sinceridad es humildad y esta solo se consigue aceptando las humillaciones. Todo lo que se ha dicho y hemos leído sobre la humildad no es suficiente para enseñarnos la humildad. La humildad solo se aprende aceptando las humillaciones, a las que nos enfrentamos durante toda la vida. Y la mayor de ellas es saber que uno no es nada. Este conocimiento se adquiere cuando uno se enfrenta a Dios en la oración. Por lo general, una profunda y ferviente mirada a Cristo es la mejor oración: yo le miro y él me mira. Y en el momento en que te encuentras con él cara a cara adviertes sin poderlo evitar que no eres nada, que no tienes nada.

Santa Teresa de CALCUTA
Fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad (1910-1997).

martes, 18 de abril de 2017

LA MISERICORDIA.

El hombre alcanza el amor misericordioso de Dios, su misericordia, en cuanto él mismo interiormente se transforma en el espíritu de tal amor hacia el prójimo... El amor misericordioso, en las relaciones recíprocas entre los hombres, no es nunca un acto o un proceso unilateral. Incluso en los casos en que todo parecería indicar que solo una parte es la que da y ofrece, mientras la otra solo recibe y toma, sin embargo, en realidad, también aquel que da queda siempre beneficiado...
Cristo crucificado, en este sentido, es para nosotros el modelo, la inspiración y el impulso más grande. Basándonos en este desconcertante modelo, podemos con toda humildad manifestar misericordia a los demás... Sobre la base de este modelo, debemos purificar también continuamente todas nuestras acciones y todas nuestras intenciones, allí donde la misericordia es entendida y practicada de manera unilateral, como bien hecho a los demás. Solo entonces, en efecto, es realmente un acto de amor misericordioso: cuando, practicándola, nos convencemos profundamente de que al mismo tiempo la experimentamos por parte de quienes la aceptan de nosotros. Si falta esta bilateralidad, esta reciprocidad, entonces nuestras acciones no son aún auténticos actos de misericordia, ni se ha cumplido plenamente en nosotros la conversión.

San JUAN PABLO II
Primer papa polaco de la historia. Su pontificado ha sido el tercero más largo de la historia (1920-2005).