viernes, 17 de noviembre de 2017

MARTA Y MARÍA.




Una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Tenía Marta una hermana llamada María.
Si nuestro corazón es el lugar donde reside Dios, es justo que estas dos mujeres también estén allí: una, sentada a los pies de Jesús para escucharlo; la otra, ocupada en darle de comer. Mientras Cristo esté en la tierra, pobre, ham­briento, sediento, tentado, será necesario que estas dos mujeres habiten en la misma casa, que en un mismo corazón residan estas dos actividades.

Así, pues, durante esta vida de miseria y trabajos es necesario que Marta habite en vuestra casa. Mientras tengamos necesidad de comer y de beber, tendremos también necesidad de dominar nuestras pasiones, nues­tro cuerpo, por los desvelos del ayuno y del trabajo. Esta es la parte de Marta. Pero también hace falte que esté presente en nosotros María, la actividad espiritual, ya que no nos debemos entregar sin cesar a los ejercicios corporales, también nos hace falta descansar, gustar cuan bueno y cuan suave es el Señor, sentarnos a los pies de Jesús y escuchar su Palabra.


San Elredo de Rieval
 Abad cisterciense de Rievauix, Inglaterra (1109-1166).

 




martes, 14 de noviembre de 2017

EL ÁNGEL CUSTODIO TE TRAE LA MISERICORDIA DE DIOS.


Vosotros veréis subir y bajar a los ángeles sobre el Hijo del Hombre. Estos dichosos espíritus suben por la ley de la contemplación de Dios, y descienden para cuidar de nosotros y para guardarnos en todos nues­tros caminos. Suben hacia Dios para alegrarse en su presencia; y descienden hacia nosotros para obedecer sus órdenes, pues les ha pedido cuidar de nosotros. Sin embargo, descendiendo a nosotros, no son privados en un punto de la gloria que les da la felicidad, pues ellos ven siempre el rostro del Padre.

Cuando suben a la contemplación de Dios, buscan la Verdad en quien están sin interrupción por el deseo, y lo que desean siempre es la posesión. Cuando descien­den, ejercen hacia nosotros la misericordia, guardándo­nos en todos nuestros caminos. Estos dichosos espíritus son los ministros de Dios que nos han sido enviados para ayudarnos, y en esta misión no es a Dios a quien rinden servicio, sino a nosotros. Ellos imitan así la humil­dad del Hijo de Dios, que no vino a ser servido, sino a servir, y que vivió en medio de sus discípulos como si él fuera su servidor. La utilidad que los ángeles sacan siguiendo su camino es su propia felicidad y la perfec­ción de la obediencia en la caridad; y lo que nosotros recogeremos es la recepción de la gracia de Dios y la ventaja de ser guardados por ellos en nuestros caminos.

San Bernardo

Nace en Dijon, Francia; fue monje cisterciense y gran autor espiritual. Es doctor de la Iglesia (1090-1153).

 

viernes, 10 de noviembre de 2017

EL PADRE ESTA SIEMPRE DISPUESTO AL PERDÓN.


Las puertas están abiertas para cualquiera que regrese sinceramente a Dios, con todo su corazón, y el Padre recibe con gozo al hijo que se arrepiente de verdad. ¿Cuál es el signo del verdadero arrepentimiento? No volver a caer en las viejas faltas y arrancar del cora­zón, desde sus raíces, los pecados que nos han puesto en peligro de muerte. El Señor exclamó: Misericordia quiero y no sacrificios. No quiero la muerte del peca­dor sino que se convierta. Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve blanquearán; aun­que sean rojos como la escarlata, como lana blanca quedarán.
Solo Dios puede perdonar los pecados y no impu­tar las faltas, y el Señor Jesús nos exhorta a perdonar cada día a los hermanos que se arrepienten. Si noso­tros que somos malos sabemos dar cosas buenas a los demás, ¿cuánto más lo hará el Padre lleno de ternura? El Padre de toda consolación atiende a los que se con­vierten. La conversión verdadera supone dejar de pecar y no volver a mirar atrás. Lamentemos, pues, amarga­mente nuestras faltas pasadas y pidamos al Padre que las olvide. En su misericordia puede deshacer todo lo que se había hecho y, por el rocío del Espíritu, borrar las fechorías pasadas.
San Clemente de Alejandría
Quizá ateniense, converso, director de la escuela catecumenal de Alejandría (I50T-2I5?).


 

martes, 7 de noviembre de 2017

DIOS TIENE REMEDIOS PARA TODOS.


El apóstol Pablo dice: Lo que algunos tienen es igno­rancia de Dios. Yo digo que permanecen en esta igno­rancia todos aquellos que no quieren convertirse a Dios. Ellos rechazan esta conversión por la única razón de que imaginan a un Dios solemne y severo cuando es todo suavidad; ellos lo imaginan duro e implacable cuando es todo misericordia; creen que es violento y terrible cuando es adorable. Así el impío se engaña a sí mismo y se fabrica un ídolo en vez de conocer a Dios tal cual es.
¿Qué teme esta gente de poca fe? ¿Que Dios no querrá perdonar sus pecados? Pero si él mismo, con sus propias manos, los clavó en la cruz. ¿Qué pueden temer todavía? ¿Ser ellos mismos débiles y vulnera­bles? Pero si él conoce muy bien la arcilla con que nos ha hecho. ¿De qué tienen miedo? ¿De estar demasiado acostumbrados al mal para abandonar las costumbres de la carne? Pero el Señor liberta a los cautivos. ¿Temen que Dios, irritado por la inmensidad de sus faltas, dude en tenderles una mano que los socorra? Pero si allí donde abundó el pecado la gracia sobreabundó. ¿Quizá la preocupación por el vestido, el alimento y otras nece­sidades de su vida les impide separarse de sus bienes? Dios sabe que tenemos necesidad de todo esto. ¿Qué más quieren? ¿Cuál es el obstáculo para su salvación?.
Ignoran a Dios,  no creen en nuestra palabra. Por eso es necesario que se fíen de la experiencia de los demás.
SAN BENARDO
1090-1153

viernes, 3 de noviembre de 2017

ADAM -> JESÚS.


Cristo venció al diablo valiéndose de aquello mismo con que el diablo había vencido antes, y lo derrotó con las mismas armas que él había utilizado antes. Una vir­gen, un madero y la muerte fueron el signo de nuestra derrota. Eva era virgen, porque aún no había conocido varón; el madero era un árbol; la muerte, el castigo de Adán. Mas he aquí que, de nuevo, una Virgen, un madero y la muerte, antes signo de derrota, se con­vierten ahora en signo de victoria. En lugar de Eva está María; en lugar del árbol de la ciencia del bien y del mal, el árbol de la cruz; en lugar de la muerte de Adán, la muerte de Cristo.

En un árbol el diablo hizo caer a Adán; en un árbol derrotó Cristo al diablo. Aquel árbol hacía descenderá la región de los muertos; este, en cambio, hace volver de este lugar a los que a él habían descendido. Otro árbol ocultó la desnudez del hombre después de su caída; este, en cambio, mostró a todos, elevado en lo alto, al vencedor, también desnudo. La cruz es el trofeo eri­gido contra los demonios, la espada contra el pecado, la espada con la que Cristo atravesó a la serpiente; la cruz es la voluntad del Padre, la gloria de su Hijo único, el júbilo del Espíritu Santo, el ornato de los ángeles, la seguridad de la Iglesia, el motivo de gloriarse de Pablo, la protección de los santos, la luz de todo el orbe.

San Juan  CRISÓSTOMO
349-410

martes, 31 de octubre de 2017

JESÚS, HAZME LLORAR.


Confiemos, esperemos, nosotros todos que lloramos, que derramamos lágrimas inocentes; esperemos, si llo­ramos los dolores de nuestro cuerpo o de nuestra alma: nos sirven de purgatorio, Dios se sirve de ello para que levantemos los ojos hacia él, nos purifiquemos y santifi­quemos. Confiemos todavía más si lloramos los dolores de otros, porque esta caridad nos es inspirada por Dios y le agrada; confiemos también si lloramos nuestros pecados, porque esta compunción la pone Dios mismo en nuestras almas. Confiemos todavía más si lloramos con un corazón puro los pecados de otros, porque este amor por la gloria de Dios y la santificación de las almas nos son inspiradas por Dios y esto es una gracia.

Confiemos, si lloramos por el deseo de ver a Dios y el dolor por estar separados de él; porque este deseo amoroso es obra de Dios en nosotros. ¡Confiemos tam­bién si lloramos solamente porque amamos, sin desear ni temer nada, queriendo plenamente todo lo que Dios quiere y queriendo solo la dicha de su gloria, sufriendo de sus sufrimientos pasados, llorando unas veces de compasión por el recuerdo de su pasión, y otras de ale­gría con el pensamiento de su ascensión y de su gloria, y otras simplemente de emoción porque le amamos hasta morir de amor! Oh Jesús dulcísimo, hazme llorar por todo esto; hazme derramar todas las lágrimas que manifiesten mi amor hacia ti, por ti y para ti. Amén.

Beato Carlos de Foucauld

Militar y explorador, se hizo sacerdote. Murió asesinado por una banda de forajidos en el Sahara argelino (1858-1916).

viernes, 27 de octubre de 2017

DEBEMOS SER PESCADORES


Cuando el Señor, sentado en la barca, le dice a Pedro: Rema mar adentro, y soltad las redes para pescar, no le está aconsejando tanto echar los instrumentos de pesca en la profundidad de las aguas como propagar en el fondo de los corazones las palabras de la predi­cación. Este abismo de los corazones lo ha penetrado san Pablo lanzando la palabra que dice: ¡Oh abismo de riqueza, sabiduría y ciencia de Dios! Así como la red arrastra hasta la nave los peces que ha cogido, el seno de la fe conduce hacia el reposo a todos los hom­bres que reúne.

Para hacer comprender mejor que el Señor hablaba de la pesca espiritual, Pedro dice: Maestro..., porque tú lo dices, echaré las redes. El Verbo, la Palabra de Dios, es el Señor, nuestro Salvador. Puesto que Pedro lanza su red según el Verbo, propaga su elocuencia según Cristo. Despliega las redes tejidas según las órdenes de su maestro; en nombre del Señor, lanza unas pala­bras más claras y más eficaces que permiten salvar no a criaturas irracionales, sino a hombres. Hemos estado bregando toda la noche y no hemos cogido nada. Sí,

Pedro había estado trabajando toda la noche; cuando ha brillado la luz del Salvador, las tinieblas se han disi­pado y su fe le ha permitido distinguir, en lo más pro­fundo de las aguas, lo que sus ojos no podían ver. Pedro, efectivamente, ha estado sufriendo toda la noche, hasta que el día, que es Cristo, viene en su ayuda.

San Máximo de Turín

Obispo de Turín; de este notable predicador se conservan numerosos sermones (siglos IV-V).

martes, 24 de octubre de 2017

CRISTO, MÉDICO.


La suegra de Simón estaba acostada; tenía fiebre. Que Cristo pueda venir a nuestra casa, entrar y curar con una sola palabra la fiebre de nuestros pecados. Cada uno de nosotros tiene fiebre. Cada vez que nos enco­lerizamos, tenemos fiebre; todos nuestros defectos son otras tantas subidas de fiebre. Pidamos a los apóstoles que oren a Jesús para que venga a nosotros y nos coja de la mano; porque en cuanto él toque nuestra mano, la fiebre desaparecerá.

El jefe de los médicos es un médico eminente y serio. Moisés es médico, Isaías y todos los santos son médi­cos; pero Jesús es el jefe de todos los médicos. Sabe perfectamente tomar el pulso y sondear los secretos de las enfermedades. No toca ni la frente, ni la oreja, ni ninguna otra parte del cuerpo, pero coge la mano... Cuando nuestra mano da a conocer los síntomas de nuestras malas acciones, no nos podemos levantar, somos incapaces de caminar, porque estamos real­mente enfermos. Pero este médico misericordioso se acerca a la cama; él, que llevó sobre sus hombros a la oveja enferma, se acerca ahora a nuestro lecho.

San Jerónimo
Asceta y doctor de la Iglesia de origen dálmata que sirvió como secretario del Papa. Retirado en Belén, tradujo y comentó la Biblia (Ca. 340-420

viernes, 20 de octubre de 2017

LLEVAR NUESTRA CRUZ.


Si de buena voluntad llevas la cruz, ella te llevará y guiará al fin deseado, adonde será el fin del padecer, aunque aquí no lo sea. Si la llevas contra tu voluntad, cargas y te la haces más pesada: y sin embargo con­viene que sufras. Si desechas una cruz, sin duda halla­rás otra, y puede ser que más grave. ¿Piensas escapar de lo que ninguno de los mortales pudo? ¿Qué santo ha habido en el mundo sin cruz y tribulación? Nuestro Señor Jesucristo, en cuanto vivió en este mundo, no estuvo una hora sin dolor de pasión. Porque convenía, dice, que Cristo padeciese, y resucitase de los muer­tos, y así entrase en su gloria. Pues ¿cómo buscas tú otro camino sino este camino real que es la vida de la santa cruz?

Mas este así afligido de tantas maneras no está sin el alivio de la consolación; porque siente el gran fruto que crece al llevar su cruz. Porque cuando se sujeta a ella de buena gana, toda la carga de la tribulación se convierte en confianza de la divina consolación. Esto no es virtud humana, sino gracia de Cristo, que tanto puede y hace en la carne flaca para que lo que natu­ralmente siempre aborrece y huye lo acometa y acabe con fervor de espíritu. No es según la condición humana llevar la cruz, amar la cruz. Si te miras a ti mismo, no podrás hacer cosa alguna de estas: mas si confías en Dios, él te enviará fortaleza del cielo, y hará que te estén sujetos el mundo y la carne. Y no temerías al diablo, tu enemigo, si estuvieses armado de fe y señalado con la cruz de Cristo.

Tomás de Kempis

Nace en Kempen, ¡unto a Colonia; este canónigo regular de Windesheim es el autor de la Imitación de Cristo (1379?-1471).

 

martes, 17 de octubre de 2017

DIOS PADRE Y LA IGLESIA.


Me podréis decir: pero la Iglesia está formada por pecadores, lo vemos cada día. Y esto es verdad: somos una Iglesia de pecadores; y nosotros pecadores esta­mos llamados a dejarnos transformar, renovar, santi­ficar por Dios. Ha habido en la historia la tentación de algunos que afirmaban: la Iglesia es solo la Iglesia de los puros, de los que son totalmente coherentes, y a los demás hay que alejarles. ¡Esto no es verdad! ¡Esto es una herejía! La Iglesia, que es santa, no rechaza a los pecadores; no nos rechaza a todos nosotros; no rechaza porque llama a todos, los acoge, está abierta también a los más lejanos, llama a todos a dejarse envolver por la misericordia, por la ternura y por el perdón del Padre, que ofrece a todos la posibilidad de encontrarle, de caminar hacia la santidad.

En la Iglesia, el Dios que encontramos no es un juez despiadado, sino que es como el Padre de la parábola evangélica. Puedes ser como el hijo que ha dejado la casa, que ha tocado el fondo de la lejanía de Dios. Cuando tienes la fuerza de decir: Quiero volver a casa, hallarás la puerta abierta, Dios te sale al encuentro por­que te espera siempre, Dios te espera siempre, Dios te abraza, te besa y hace fiesta. Así es el Señor, así es la ternura de nuestro Padre celestial.

Francisco

Jesuíta argentino, actual sucesor de san Pedro al frente de la Iglesia católica (1936-).

 

viernes, 13 de octubre de 2017

¿ESPIRITU DE PROPIEDAD? O ¿POBREZA EN EL ESPIRITU?


No tenga otro deseo que el de entrar solo por amor a Cristo en el desapego, el vacío y la pobreza de todo lo que existe en la tierra. No tendrá otras necesidades más que aquellas a las que ha sometido su corazón; el pobre de espíritu nunca será más feliz que cuando se encuentre en la indigencia; aquel cuyo corazón no desea nada es siempre generoso.

Los pobres en el espíritu tienen una gran libertad en todo lo que poseen. Su placer es pasar necesidad por amor a Dios y al prójimo. [...] No solo los bienes, las alegrías y los placeres de este mundo nos estorban y nos retrasan en el camino hacia Dios, sino también las alegrías y las consolaciones espirituales son en sí mis­mas un obstáculo en nuestra marcha, si las recibimos o las buscamos con un espíritu de propiedad.

San Juan de la Cruz

Nace en Fontiveros, Ávila. A instancias de santa Teresa, fue el primer religioso del Carmelo reformado. Doctor de la Iglesia por sus escritos místicos (1S42?-1591).

martes, 10 de octubre de 2017

LAS DIFILCULDADES PARA ORAR.


A veces, Señor, te siento pasar, pero no te detienes en mí, pasas de largo, y yo te grito como la cananea. ¿Me atreveré a acercarme a ti? Seguro que sí: los perritos echados fuera de la casa de su amo siempre vuelven a ella, y cuidando guardar la casa, reciben cada día su ración de pan. Sigo aquí echado, frente a la puerta, y te llamo; maltrecho, suplico. Así como los perritos no pueden vivir lejos de los hombres, ¡mi alma no puede vivir lejos de mi Dios!
Ábreme, Señor. Haz que llegue hasta ti para ser inun­dado por tu luz. Tú, que habitas en los cielos, te has escondido en las tinieblas, en la oscura nube. Como dice el profeta: Te cubriste de nube para que no pasara nuestra oración.
Me corrompo en la tierra, el cora­zón como en un lodazal. Tus estrellas no brillan para mí, el sol se ha oscurecido, la luna ya no emite su luz. Oigo cantar tus hazañas en lo salmos, los himnos y los cánticos espirituales; en el evangelio, tus palabras y tus gestos resplandecen como la luz; los ejemplos de tus siervos, las amenazas y las promesas de tus Escrituras se imponen ante mis ojos y vienen a golpear la sor­dera de mis oídos. Pero mi espíritu se ha endurecido. Señor, ¿cuánto tardarás en romper tus cielos, en des­cender para venir a socorrer mi torpeza? Haz que me convierta y que, por lo menos, venga al atardecer como un perrito hambriento.
Guillermo de Saint-Thierry
Abad cisterciense en Saint-Thierry (Francia) y gran maestro espiritual (Ca. 1085-1148).

viernes, 6 de octubre de 2017

LA CONFIANZA EN DIOS.


He aquí lo que dice el amor lleno de confianza:

Entregarse de forma absoluta, incondicional e inal­terable en manos de Dios, nuestro Padre, incluso cuando las cosas parecen condenadas al fracaso.
No considerar a nada ni a nadie, fuera de Dios, como amparo y auxilio.
Rechazar la duda y el desánimo, abandonar todas nuestras angustias y nuestras preocupaciones en el Señor, y continuar nuestro camino con plena libertad. Atrevernos a no tener miedo ante los obstáculos, sabiendo que nada es imposible para Dios.
Contar en todo momento con Dios, nuestro Padre del cielo, en un movimiento espontáneo de abandono, como el del niño, convencidos de nuestra nada y, al mismo tiempo, seguros, con todo el ardor del corazón, de la bondad paternal de Dios.
 
Santa Teresa de Calcuta
 Fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad (1910-1997).
 
 
 
 





martes, 3 de octubre de 2017

LA FAMILIA.




¿Qué es la familia? Sociólogos, moralistas, educado­res, políticos y psicólogos podrían dar de ella las más variadas definiciones. Pero estoy convencida de que a todos vosotros os interesa conocer, ante todo, un pensamiento sobre la familia: el pensamiento de Dios. ¿Qué es la familia para Dios? Partamos de una simple comprobación. Cuando Dios creó, modeló una familia.
Al encarnarse, se rodeó de una familia. Cuando Jesús empezó su misión y manifestó su gloria, estaba par­ticipando en la fiesta de una nueva familia. Bastaría esto para comprender qué es la familia en el pensa­miento de Dios.
La familia no es más que un mecanismo, un cofre, un misterio de amor: amor nupcial, materno, paterno, filial, fraterno, amor de la abuela a los nietos, de las nietas al abuelo, a las tías, a los primos... Solo el amor compone, une, hace que la familia exista. Y si la fami­lia ha fracasado en el mundo es porque ha faltado el amor. Cuando se apaga el amor, la familia se deshace. Por esta razón las familias tienen que acudir adonde está la fuente del Amor. Dios Amor es quien sabe lo que es la familia y la ha concebido como obra maestra del amor, signo, símbolo y modelo de todos sus demás designios. Si él ha creado la familia modelándola con el amor, él podrá volver a restaurarla con el amor.
Chiara Lubich
Fundadora de la Obra de María (Movimiento de los Focolares) (1920-2008).


viernes, 29 de septiembre de 2017

¡FUERA COLERA Y TRISTEZA!


Cristo nos pide dos cosas: condenar nuestros peca­dos y perdonar los de los demás; el que se acuerda de sus pecados será menos severo hacia su compañero de miseria. Y perdonar no solo de palabra, sino desde el fondo del corazón, para no volver contra nosotros mis­mos el hierro con el cual queremos perforar a los otros.
Considera, pues, cuántas ventajas sacas si sabes soportar humildemente y con dulzura una injuria. Primeramente mereces -y es lo más importante- el per­dón de tus pecados. Además te ejercitas en la paciencia y en la valentía. En tercer lugar, adquieres la dulzura y la caridad, porque el que es incapaz de enfadarse contra los que le han disgustado será mucho más caritativo
aún con los que le aman. En cuarto lugar, arrancas de raíz la cólera de tu corazón, lo cual es un bien sin igual.El que libera su alma de la cólera ciertamente arranca de ella la tristeza: no gastará su vida en penas y vanas  inquietudes. Odiando a los demás, nos castigamos a nosotros mismos; amándolos, nos hacemos el bien a nosotros mismos. Por otra parte, todos te venerarán, incluso tus enemigos, aunque sean los demonios. Es más, comportándote así ya no tendrás enemigos.
San Juan Crisóstomo

Natural de Antioquía, fue monje y obispo de Constantinopla;

gran predicador y escritor, murió en el destierro.

Es doctor de la Iglesia (Ca. 349-407).

martes, 26 de septiembre de 2017

LA CONFESIÓN.


Al hacer partícipes a los apóstoles de su propio poder de perdonar los pecados, el Señor les da también la autoridad de reconciliar a los pecadores con la Iglesia. Esta dimensión eclesial de su tarea se expresa particu­larmente en las palabras solemnes de Cristo a Simón Pedro
ti te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos. «Consta que también el colegio de los Apóstoles, unido a su cabeza, recibió la función de atar y desatar dada a Pedro» (LG 22).
La fórmula de absolución en uso en la Iglesia latina expresa el elemento esencial de este sacramento: el Padre de la misericordia es la fuente de todo perdón. Realiza la reconciliación de los pecadores por la Pascua de su Hijo y el don de su Espíritu, a través de la oración y el ministerio de la Iglesia: «Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y la resu­rrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». Cristo actúa en cada uno de los sacramentos. Se dirige personalmente a cada uno de los pecadores: «Hijo, tus pecados están perdonados»; es el médico que se inclina sobre cada uno de los enfermos que tienen necesidad de él para curarlos.
Catecismo de la Iglesia Católica
Exposición de lo fe y de la doctrina de la Iglesia católica promulgada por Juan Pablo II en el año 1992 y cuya versión latina oficial se publicó el día 15 de agosto de 1997.


viernes, 22 de septiembre de 2017

MARIA DIÓ LUZ LA VIDA.


María es bienaventurada entre todas las bienaven­turadas, ella que ha sido escogida antes que todos los demás santos. El Señor la eligió como morada, diciendo: Esta es mi mansión por siempre, aquí viviré, porque la deseo. Durante nueve meses vivió en ella; durante numerosos años vivió con ella y le estuvo sometido. Ahora, viviendo en ella y con ella para siempre de manera que sobrepasa nuestra comprensión, la llena de la gloria que ven los bienaventurados. Le da exterior-mente la gloria en su cuerpo; interiormente, imprime en ella la gloria del Verbo.

Esta Virgen madre única, que se vanagloria de haber dado a luz al Hijo único del Padre, estrecha con amor al mismo Hijo único con todos sus miembros, y no se avergüenza de ser llamada la madre de todos aquellos en los que ve a Cristo ya formado o en formación. La primera Eva fue llamada madre de todos los vivientes,
pero en realidad fue la madre de los que mueren. Y porque esta primera Eva no pudo realizar fielmente lo que significa su nombre, es María quien realizó este misterio. Como la Iglesia, María es la madre de todos los que renacen a la vida. Dando a luz la Vida, hizo nacer en cierta manera a una vida nueva a todos los que debían encontrar su vida en esta Vida. Por eso, la madre bienaventurada de Cristo, sabiéndose madre de los cristianos por este misterio, se muestra también madre de todos por su solicitud y su ternura.
Beato Guerrico de Igny Abad cisterciense (Ca. 1080-11S7).


martes, 19 de septiembre de 2017

LA TRANSFIGURACIÓN.



Hoy, en efecto, el Señor se ha manifestado verda­deramente en la montaña. Hoy la naturaleza humana, creada al principio a imagen de Dios, pero oscurecida por las figuras deformantes de los ídolos, ha sido tras-figurada en la antigua belleza del hombre creado a imagen y semejanza de Dios.
Moisés contempla de nuevo el fuego que no con­sumía el matorral, pero que da la vida a toda carne, y dice: «Ahora te veo, a ti que existes verdaderamente y por siempre, que estás con el Padre y que me dijiste: Yo soy el que soy. Ahora te veo a ti, al que deseaba ver en otro tiempo diciendo: Déjame contemplar tu gloria. Ya no te veo de espaldas, sino que te veo, Dios lleno de amor por los hombres, escondido en una forma humana. No me proteges con tu derecha, pero eres la Derecha del Altísimo revelada en el mundo. A la vez eres el mediador de la Antigua y de la Nueva Alianza, el Dios antiguo y el hombre nuevo. que me dijiste sobre el Sinaí: Un ser humano no puede verme y que­dar con vida, ¿cómo podemos contemplarte ahora cara a cara sobre la tierra, en la carne? Quieres manifestarte también entre los que se durmieron hace siglos, visitar a los patriarcas en la estancia de los muertos, bajar a librar a Adán de sus dolores. Porque así es como res­plandecerán los justos en el momento de la resurrec­ción; así es como serán glorificados; así, como serán transfigurados.
San Anastasio de Sinaí
Fue uno de los últimos padres de lo Iglesia y gran asceta del siglo VII.
Su obra floreció en el Monte Sinaí y tuvo una gran repercusión en el ámbito de Bizancio (t Ca. 690).
Entre los ortodoxos es conocido como el Nuevo Moisés.

viernes, 15 de septiembre de 2017

SI TU HERMANO TE OFENDE.


El Señor nos presenta un exigente itinerario para la corrección fraterna: ir creando instancias de encuentro, partiendo siempre desde lo más personalizado. ¡Cuántas veces, ante la ofensa, descargamos nuestra frustración con comentarios a terceros, sin llegar jamás a dialogar con la persona afectada!
Debemos aprender a encontrarnos con quienes nos ofenden "con la actitud adecuada", es decir, valorándolos y aceptándolos como compañeros de camino, sin resistencias internas, sin condenas previas. (Papa Francisco en EG, 91)
Nuestros padres y abuelos solían repetirnos: "Si no tienes nada bueno que decir de la otra persona, calla". Vivimos en un contexto cultural opuesto, donde la intimidad y la dignidad de las personas son pisoteadas sin escrúpulo alguno. Se ha roto la barrera del respeto, de la protección del "buen nombre". La agresividad, en todas sus formas, campea como tendencia cultural que todo lo avasalla, llegando a deformar la propia conciencia.
La "corrección fraterna", expresión prácticamente olvidada, no es sino una de las formas más respetuosas y constructivas del amor. Es una manera exigente y maravillosa de cuidar al otro, de cuidarnos unos a los otros, porque todos necesitamos aliento y acompañamiento, optando cuantas veces sea necesario por ser constructores de relaciones auténticamente fraternas y reconciliadas.

Danilo FARNEDA

martes, 12 de septiembre de 2017

LA LUZ SERÁ DISTINTA PARA CADA UNO.

Todos los que ven a Cristo no son iluminados del mismo modo, sino según la medida de su capacidad de recibir la luz. Nuestros ojos corporales no siempre están iluminados del mismo modo por el sol. Cuanto más alto sube uno, más puede contemplar su salida y mejor percibe su resplandor y su calor. Del mismo modo, cuanto más alto se eleva nuestro espíritu y sube hasta Cristo, más descubrirá el esplendor de su claridad, más intensamente será iluminado por su luz. El Señor mismo lo declara por boca del profeta: Acercaos a mí y yo me acercaré a vosotros.
Así pues, no todos llegamos a Cristo de la misma manera, sino que cada uno lo hace según sus capacidades. O bien, vamos con las multitudes hacia él para que nos sacie con el pan de sus parábolas para no desfallecer por el camino, o bien, nos quedamos a sus pies, sin preocupamos de nada más que de escuchar su palabra, sin dejarnos distraer por las múltiples necesidades del servicio. .. Los que se acercan así al Señor recibirán mucha más luz. Pero si, igual que los apóstoles, no alejándonos nunca de él, permanecemos constantemente con él en las tribulaciones, Cristo nos explicará en secreto lo que había dicho a las multitudes y con más claridad todavía nos iluminará. En fin, si él encuentra a alguien capaz de subir a la montaña con él, como Pedro, Santiago y Juan, este no solo será iluminado por la luz de Cristo, sino también por la voz del Padre.

ORIGENES
Asceta y gran teólogo, lleva a su apogeo la escuela de Alejandría y sufre diversos tormentos en la persecución de Decio (I85?-2S3).

viernes, 8 de septiembre de 2017

EL MAL NOS DESANIMA.

Escribió san Pedro Crisólogo: «Cristo es el grano de mostaza, el instrumento en el que Dios se inserta para hacer descender toda su grandeza en la pequeñez del hombre... Siendo hombre, recibió el grano de mostaza que es el reino de Dios... La semilla creció y llegó a ser el árbol de la cruz que cubre la tierra entera». Entendida así, esta parábola ilumina la de la cizaña. En Los hermanos Karamazov, Dostoievski pone en boca de uno de sus personajes un argumento en contra de la existencia de Dios o, mejor, de la redención obrada por Cristo. Según él, después de la muerte de Cristo, el mal no ha desaparecido del mundo. Ni siquiera ha disminuido, sino que se ha incrementado. Y lo ilustra con ejemplos terribles.
La parábola responde a esa objeción. Dios acepta que el mal continúe en el mundo, pero lo hace insertándose él mismo en la historia de la humanidad. Él he entrado en el corazón de la muerte y del sufrimiento humano. La obra de la redención continúa. En ella, Cristo sigue enfrentándose al mal, pero no lo hace solo. La multitud de espigas de trigo que germinan en el campo, al igual que las ramas que brotan del arbusto de mostaza, nos recuerdan la realidad de la Iglesia. Así el cristiano está llamado a responder al mal del mundo manifestando el poder del reino, desde la fidelidad a Cristo.
En ocasiones el mal nos desanima. Como muestra la parábola, siempre es parasitario del bien. Está por todas partes y se introduce también en las junturas de la Iglesia. Uno puede dejarse llevar por la impaciencia. Pero Jesús nos llama a vivir ese misterio desde el corazón de Dios. Lo explica la primera lectura: Juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia... pues concedes el arrepentimiento a los pecadores. Y en el mismo texto se explica que, de esa manera, nos enseña que el justo debe ser humano,

David AMADO FERNÁNDEZ

martes, 5 de septiembre de 2017

LA PAZ.


Quizás como nunca en la historia se hace evidente, para todos, el vínculo intrínseco que une una actitud religiosa auténtica y el gran bien de la paz. Si bien es cierto que la oración es en sí misma una acción, eso de ninguna manera nos dispensa de trabajar por la paz. No hay paz sin un amor apasionado por la paz. No hay paz sin una feroz voluntad de realizar la paz. La paz necesita sus profetas. Juntos hemos llenado nuestros ojos de visiones de paz: engendran nuevas energías para un nuevo lenguaje de paz, para nuevos gestos de paz, gestos que rompan el encadenamiento fatal de las divisiones heredadas de la historia o bien engendradas por las modernas ideologías. La paz espera sus constructores. Tendamos la mano a nuestros hermanos y hermanas para animarlos a construir la paz sobre cuatro pilares que son: la verdad, la justicia, el amor y la libertad.
La paz es una obra en construcción abierta a todos y no solamente a los especialistas, a los sabios, a los estrategas. La paz es una responsabilidad universal: pasa a través de mil pequeños actos de la vida cotidiana. A través de su propia manera diaria de vivir con los demás, los hombres hacen su elección a favor o en contra de la paz.
San Juan Pablo II

martes, 29 de agosto de 2017

LA FE DA LA VIDA.

El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que esté vivo y crea en mí jamás morirá. ¿Qué quiere decir? Él vive porque Cristo no es Dios de muertos, sino Dios de vivos.
¡Cree, pues, y cuando mueras vivirás! Pero si no crees, aunque estés vivo, ¡en realidad estás muerto! ¿De dónde viene la muerte del alma? De que la fe ya no está en ella. ¿De dónde viene la muerte del cuerpo? De que en él ya no está el alma. Por tanto, el alma de tu alma es la fe. Aquel que tiene fe, dice el Señor, cuando muera en su cuerpo, tendrá vida en su alma hasta que el cuerpo mismo resucite para no morir ya más. Y quien vive en su cuerpo, y cree en mí, debe morir por un tiempo en su cuerpo, pero no morirá para la eternidad, por la vida del Espíritu y por la inmortalidad que le traerá la resurrección.

San Agustín
Oriundo de Tagaste (en la actual Argelia), fue obispo de Hipona. Es uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia latina.
Es doctor de la Iglesia (354-430).

viernes, 25 de agosto de 2017

Te seguiré adondequiera que vayas



«En el atardecer, danos tu luz, Señor». Estamos en el atardecer. Me quiero preparar a poder responder: «Aquí estoy», a la llamada, tal vez inesperada. La vejez -que es otro gran don del Señor- tiene que ser para mí motivo de callada alegría interior y de abandono diario al Señor mismo, al que me dispongo como un niño que se lanza hacia los brazos abiertos de su padre. Mi ya larga y humilde vida se ha ido devanando como una madeja bajo el signo de la simplicidad y de la pureza. Es verdad que la voluntad de Dios es mi paz. Y mi esperanza está puesta totalmente en la misericordia de Jesús.
Pienso que el Señor me tiene reservado, para mi completa mortificación y purificación, para admitirme en su gozo eterno, alguna gran aflicción o pena del cuerpo y del espíritu antes de que me muera. Bien, pues lo acepto de todo corazón, que sirva todo para su mayor gloria y el bien de mi alma y de mis queridos hijos espirituales. Temo la debilidad de mi resistencia y le pido que me ayude, ya que no tengo casi ninguna confianza en mí mismo, pero una total confianza en el Señor Jesús. Hay dos puertas que dan al paraíso: la inocencia y la penitencia. ¿Quién puede pretender, oh hombre frágil, encontrar la primera abierta de par en par? Pero la segunda es acceso seguro. Jesús pasó por ella cargado con su cruz, expiando nuestros pecados. Él nos invita a seguirlo.

San Juan XXIII

martes, 22 de agosto de 2017

¿ARENA O ROCA?.

Una tarde, paseaba por la orilla del mar como dice la Escritura: Soplaba un viento fuerte y el mar se iba encrespando. Las olas se levantaban a lo lejos y se apoderaban de la orilla, chocando contra las rocas, se rom­pían y transformaban en espuma y gotitas. Pequeños guijarros, algas y conchas muy ligeras eran arrastrados




por las aguas hacia la orilla; pero las rocas permanecían firmes e inquebrantables, como si todo estuviera en calma, incluso en medio de las olas que venían a dar contra ellas.

Saqué una lección de este espectáculo. Este mar ¿no es acaso nuestra vida y la condición humana? En ella hay mucha amargura e inestabilidad. Y los vientos ¿acaso no son las tentaciones que nos asaltan y los imprevistos gol­pes de la vida? Creo que es eso lo que meditaba David cuando exclamó: Dios mío, sálvame, que me llega el agua al cuello: he entrado en la hondura del agua y me arrastra la corriente. Entre las personas que pasan pruebas, unas me parecen ser como objetos ligeros y sin vida que se dejan arrastrar sin oponer la mínima resistencia; no hay en ellas ningún rastro de firmeza; no tienen el contrapeso de una razón sana que lucha contra los asaltos que le llegan. Las otras las asemejo a rocas, dignas de esa Roca sobre la cual nos mantene­mos firmes y a la que adoramos; estas, formadas con razonamientos de verdadera sabiduría, se levantan por encima de la debilidad ordinaria y lo soportan todo con una constancia inquebrantable.

San Gregorio Nacianceno

Amigo de san Basilio y monje con él, fue obispo de Constantinopla; se le conoce como el Teólogo (330-390).



jueves, 17 de agosto de 2017

CRISTO, RIQUEZA DE LA IGLESIA.


Por lo que a mí respecta, me atrevo a decir que si la Iglesia no fuera lo que pretende ser, si no viviera esencialmente de su fe en Jesucristo, de aquella fe que el apóstol Pedro proclamó en el camino de Cesarea, no esperaría a que me decepcionara en sus logros humanos para separarme de ella...

Si Jesucristo no constituye su riqueza, la Iglesia es miserable. Si el Espíritu de Jesucristo no florece en ella, la Iglesia es estéril. Su edificio amenaza ruina si no es Jesucristo su arquitecto y si el Espíritu Santo no es el cimiento de las piedras vivas con que está construida Toda su doctrina es mentira si no anuncia la Verdad que es Jesucristo. Toda su gloria es vana si no la funda en la humanidad de Jesucristo. Su mismo nombre nos resulta extraño si no evoca inmediatamente en nosotros el único Nombre que les ha sido dado a los hombres para que alcancen su salud. La Iglesia no significa nada para nosotros si no es el sacramento, el signo eficaz de Jesucristo.

Henrid Lubac

Cardenal jesuíta francés, fue uno de los teólogo-, más Influyentes del siglo XX. Influyó hondamente en la teología del Concilio Vaticano II (1896 1991)

viernes, 11 de agosto de 2017

AMAD A VUESTROS ENEMIGOS.


Queridos hermanos, nadie puede dispensarse de amar a los enemigos. Alguien me puede decir: "Yo no puedo ayunar, no puedo orar durante la noche". ¿Se puede decir: no puedo amar? Uno puede dech «No puedo dar todos mis bienes a los pobres y servil a Dios en un monasterio», pero no se puede decir: «Yo no puedo amar"

Tú me dirás: «No me puedo privar de los bienes y de los alimentos». Te creo, pero si dices que no puedes perdonar a los que te han hecho daño, no lo creo en absoluto. No tenemos ninguna excusa de no hacerlo porque debemos cumplir esta limosna sacándola no del tesoro de nuestros bienes, sino de nuestro corazón. Amemos, pues, no solamente a los amigos, sino tam­bién a los enemigos. Pero me dirás: «Mi enemigo me ha hecho tanto mal que de ninguna manera le puedo amar». Tú miras lo que te ha hecho este hombre y no miras lo que le has hecho a Dios. ¡Examina atenta­mente tu conciencia!: tú has cometido sin darte cuenta muchas más faltas contra Dios que las que un hombre haya podido cometer contra ti. ¿Con qué osadía espe­ras, pues, que Dios te perdone lo mucho cuando tú no perdonas lo poco?
San Cesáreo de Arles
Presidió varios com llioí y lundó monasterios masculinos
y femeninos (470-543).



martes, 8 de agosto de 2017

PERMANENCIA DE CRISTO EN EL ALMA.


clavas tu mirada llena de amor en la mía,

e inclinas tu oído a mis suaves palabras

y llenas mi corazón con profunda paz.

Pero tu amor no encuentra satisfacción

en este intercambio que todavía permite separación:

tu corazón exige más y más.

vienes a mí cada mañana como alimento,

tu carne y sangre son para mí bebida y comida

y se obra algo maravilloso.

Tu cuerpo cala misteriosamente en el mío,

y tu alma se une a la mía:

ya no soy la que era antes.

vienes y vas, pero permanece la semilla
que has sembrado para la gloria futura,
escondida en un cuerpo de polvo.
Permanece un resplandor del cielo en el alma,
permanece una profunda luz en los ojos,
una pausa en el tono de voz.


Permanece el vínculo, que une corazón con corazón,

la corriente de vida que brota del tuyo

y da vida a cada miembro.

Qué admirables son las maravillas de tu amor,

solo nos asombramos, balbuceamos

y enmudecemos,

porque el espíritu y la palabra no pueden expresarlo.

Santa Teresa Benedicta de la Cruz [Edith Stein] Carmelita descalza y mártir; es copatrona de Europa (1891 1942).