martes, 25 de abril de 2017

RICOS Y POBRES..

¿Acaso aquel pobre fue transportado por los ángeles recompensando su pobreza y, por el contrario, el rico fue enviado al tormento por el pecado de sus riquezas? En el pobre queda patentemente glorificada la humildad, y en el rico, condenada la soberbia.
Brevemente probaré que no fue castigada en el rico la riqueza, sino la soberbia. Sin duda que el pobre fue llevado al seno de Abrahán; pero del mismo Abrahán dice la Escritura que poseyó en este mundo abundante oro y plata y que fue rico en la tierra. Si el rico es llevado a los tormentos, ¿cómo es que Abrahán había precedido al pobre a fin de recibirlo en su seno? Porque Abrahán en medio de las riquezas era pobre, humilde, cumplidor de todos los mandamientos y obediente. Hasta tal punto tuvo en nada las riquezas que Dios le ordenó inmolar a su hijo, para quien las conservaba.
Aprended a ser ricos y pobres tanto los que tenéis algo en este mundo, como los que no tenéis nada. Pues también encontráis al mendigo que se ensoberbece y al acaudalado que se humilla. Dios resiste a los soberbios, ya estén vestidos de seda o de andrajos; pero da su gracia a los humildes ya tengan algunos haberes mundanos, ya carezcan de ellos. Dios mira al interior; allí pesa, allí examina.

San AGUSTÍN
Oriundo de Tagaste (en la actual Argelia), fue obispo de Hipona. Es uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia latina.
Es doctor de la Iglesia (354-430).

viernes, 21 de abril de 2017

LA AYUDA DE DIOS POR LA ORACIÓN.

No creo que haya nadie que necesite tanto de la ayuda y gracia de Dios como yo. A veces me siento impotente y débil. Creo que por eso Dios me utiliza. Puesto que no puedo fiarme de mis fuerzas, me fío de él las veinticuatro horas del día. Y si el día tuviera más horas más necesitaría su ayuda y la gracia. Todos debemos aferramos a Dios a través de la oración. Mi secreto es muy sencillo: la oración. Mediante la oración me uno en el amor con Cristo. Comprendo que orarle es amarlo... La gente está hambrienta de la palabra de Dios para que les dé paz, unidad y alegría. Pero no se
puede dar lo que no se tiene, por lo que es necesario intensificar la vida de oración.
Sé sincero en tus oraciones. La sinceridad es humildad y esta solo se consigue aceptando las humillaciones. Todo lo que se ha dicho y hemos leído sobre la humildad no es suficiente para enseñarnos la humildad. La humildad solo se aprende aceptando las humillaciones, a las que nos enfrentamos durante toda la vida. Y la mayor de ellas es saber que uno no es nada. Este conocimiento se adquiere cuando uno se enfrenta a Dios en la oración. Por lo general, una profunda y ferviente mirada a Cristo es la mejor oración: yo le miro y él me mira. Y en el momento en que te encuentras con él cara a cara adviertes sin poderlo evitar que no eres nada, que no tienes nada.

Santa Teresa de CALCUTA
Fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad (1910-1997).

martes, 18 de abril de 2017

LA MISERICORDIA.

El hombre alcanza el amor misericordioso de Dios, su misericordia, en cuanto él mismo interiormente se transforma en el espíritu de tal amor hacia el prójimo... El amor misericordioso, en las relaciones recíprocas entre los hombres, no es nunca un acto o un proceso unilateral. Incluso en los casos en que todo parecería indicar que solo una parte es la que da y ofrece, mientras la otra solo recibe y toma, sin embargo, en realidad, también aquel que da queda siempre beneficiado...
Cristo crucificado, en este sentido, es para nosotros el modelo, la inspiración y el impulso más grande. Basándonos en este desconcertante modelo, podemos con toda humildad manifestar misericordia a los demás... Sobre la base de este modelo, debemos purificar también continuamente todas nuestras acciones y todas nuestras intenciones, allí donde la misericordia es entendida y practicada de manera unilateral, como bien hecho a los demás. Solo entonces, en efecto, es realmente un acto de amor misericordioso: cuando, practicándola, nos convencemos profundamente de que al mismo tiempo la experimentamos por parte de quienes la aceptan de nosotros. Si falta esta bilateralidad, esta reciprocidad, entonces nuestras acciones no son aún auténticos actos de misericordia, ni se ha cumplido plenamente en nosotros la conversión.

San JUAN PABLO II
Primer papa polaco de la historia. Su pontificado ha sido el tercero más largo de la historia (1920-2005).

viernes, 14 de abril de 2017

LA TRANSFIGURACIÓN.

Hoy, sin embargo, nos detenemos ante la inesperada manifestación de Jesús resplandeciente. Se anticipa en este misterio el de la resurrección. Jesús subió al monte acompañado de tres de sus apóstoles, los mismos que estarán con él en Getsemaní.
Su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Se trata de algo maravilloso. Tanto que Pedro pide quedarse allí, y exclama: Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Inmediatamente pienso en todos esos momentos de gracia vividos solo o en grupo en los que la verdad de Cristo se ha hecho presente con especial intensidad. Recuerdo muchos rostros transformados en alguna de las Jomadas Mundiales de la Juventud, o la especial alegría o emoción que han surgido en algún encuentro apostólico o celebración litúrgica. Son esos momentos en que nuestra vida cobra un peso especial porque la intuimos toda llena de Dios y el amor de sus designios se nos manifiesta con especial claridad. No es cuestión de entender más o menos, sino, simplemente, de constatar lo bien que se está con el Señor.
Sin embargo, no han de permanecer en lo alto de la montaña. Santo Tomás dice que hemos de comunicar a los demás lo que hemos contemplado en la oración. Jesús mismo desciende del monte para dirigirse a Jerusalén, donde se va a entregar por nosotros. En la transfiguración se nos recuerda
12 de marzo 163
esa gran verdad: Jesús se ha abajado para salvarnos. Es su amor el que ha guiado ese descendimiento. La intimidad con Dios siempre nos conduce por esa dinámica. El acercamos a él nos impulsa a querer ir más hacia los hermanos. Su amor es el gran motor de la entrega al prójimo. Hay que descender de la montaña para cumplir el designio amoroso de Dios.
 
David AMADO FERNÁDEZ

jueves, 13 de abril de 2017

EL ALMA DEL HIJO DE DIOS.


Cuando en Roma, Miguel Ángel (t 1564) cincela su Pieta en el mármol, en Ulm (al sur de Alemania), Niklaus Weckmann (t 1536) talla en madera de tilo un Jesús arrodillado en el huerto de Getsemaní. Aquí tenemos, pues, en la cubierta de Magníficat, el rostro de este Cristo, uno de los más bellos y más increíblemente expresivos que jamás haya creado un artista. En este conmovedor rostro, la mirada es como una ventana abierta al alma de Cristo justo después de haber confiado a Pedro, Santiago y Juan: «Mi alma está triste hasta la muerte». Triste pero no abatida; angus­tiada pero no atormentada, implorante pero no desesperada. Es la mirada del hombre interior que, en medio de la prueba, dialoga con quien es más íntimo a sí mismo que él mismo. Pero es también la mirada del hombre que ya barrunta en la noche la sombra de la muerte que llega. Es también la mirada del hombre que interroga el silencio de Dios. Es, en definitiva, la mirada de toda la humani­dad que, como un solo hombre, escruta su destino para leer en él el cumplimiento de un designio inteligente, amable, amoroso...
Los ultrajes del tiempo, si no destruyen una escultura de arte, a menudo la embellecen. Esto se verifica especialmente en los bronces a los que la pátina de siglos da un brillo incomparable. Es también así, pero de otra manera, en las maderas policromadas. Lo demuestra este rostro: su policromía está desgastada, la madera está dañada, carcomida por los gusanos. Sin embargo, aun mal­tratada de esta manera, la obra se ha vuelto aún más hermosa, más verdadera que al salir de las manos de su creador. ¿Cómo es posible? Ultrajado por el tiempo, este rostro se ha convertido en un verdadero icono de nuestra naturaleza humana herida. De esta manera, nos permite contemplar algo impensable: ¡el icono de nuestra naturaleza herida representa al Dios vivo y verdadero! En este rostro del Hijo del hombre, los labios entreabiertos dejan escapar la más perfecta profesión de fe, de amor y de esperanza: «Padre, que no se haga mi voluntad, sino la tuya».

Pierre-Marie DUMONT

[Traducido del original francés por Pablo Cervera Barranco]

 


martes, 11 de abril de 2017

EL DESEO.

El salmo dice: Todo mi deseo está en tu presencia. Por tanto, no ante los hombres, que no son capaces de ver el corazón, sino que todo mi deseo está en tu presencia. Que tu deseo esté en su presencia; y el Padre, que ve en lo escondido, te atenderá. Tu deseo es tu oración; si el deseo es continuo, continua también es la oración. No en vano dijo el apóstol: Orad sin cesar. ¿Acaso sin cesar nos arrodillamos, nos prosternamos, elevamos nuestras manos, para que pueda afirmar: Orad sin cesar? Si decimos que solo podemos orar así, creo que es imposible orar sin cesar.
Pero existe otra oración interior y continua, que es el deseo. Cualquier cosa que hagas, si deseas aquel reposo sabático, no interrumpas la oración. Si no quieres dejar de orar, no interrumpas el deseo. Callas cuando dejas de amar. ¿Quiénes se han callado? Aquellos de quienes se ha dicho: Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría. La frialdad en el amor es el silencio del corazón. Mientras la caridad permanece, estás clamando siempre; si clamas siempre, deseas siempre; y si deseas, te acuerdas de aquel reposo.
Todo mi deseo está en tu presencia... No se te ocultan mis gemidos... Si tu deseo está en tu interior, también lo está el gemido; quizá el gemido no llega siempre a los oídos del hombre, pero jamás se aparta de los oídos de Dios.

San AGUSTÍN
Oriundo de Tagaste (en la actual Argelia), fue obispo de Hipona. Es uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia latina.
Es doctor de la Iglesia (354-430)

viernes, 7 de abril de 2017

LAS TENTACIONES.

Examinando el proceso de la tentación del Señor, podremos comprender con qué profundidad hemos sido librados de la tentación. El enemigo en el origen se enfrentó al primer hombre, nuestro antepasado, por tres tentaciones: lo intentó por la glotonería, la vanagloria y la avaricia... Por la glotonería le mostró la fruta
prohibida del árbol y lo persuadió a comerla. Lo tentó por la vanagloria diciendo: Seréis como dioses. Y lo tentó también por la avaricia diciendo: Conoceréis el bien y el mal. En efecto, la avaricia no tiene solo por objeto el dinero, sino también los honores...
Pero cuando tentó al segundo Adán, los mismos medios que le habían servido para hacer caer al primer hombre vencieron al diablo. Lo tienta por la glotonería pidiéndole: Manda que estas piedras se conviertan en panes; lo tienta por la vanagloria diciéndole: Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo; lo tienta por el ávido deseo de honores, cuando le muestra todos los reinos del mundo y le dice: Todo esto te daré si, postrándote a mis pies, me adoras... Así, habiendo hecho prisionero al diablo, el segundo Adán lo expulsa de nuestros corazones por el mismo camino por donde había entrado. Hay otra cosa que debemos considerar en la tentación del Señor: se limitó a responder al diablo con los preceptos de la Escritura Santa. Lo hizo para damos ejemplo de su paciencia, e invitarnos así a recurrir a la enseñanza más que a la venganza.

San GREGORIO MAGNO
Nació en Roma; prefecto de su ciudad y monje después, fue papa desde el año 590. Es doctor de la Iglesia (540-604).